martes, 23 de enero de 2007

13 de Diciembre

Hoy empiezo, con las ganas justas y escasa confianza en mi capacidad, una prueba. Voy a intentar escribir algo, no a diario que sería una utopía, pero sí semanalmente. Eso espero por lo menos. Soy aficionado a leer, y escribir me parece una de las cosas más difíciles de hacer en este mundomundial. Teniendo claro como tengo, que la práctica, la adquisición y perfeccionamiento de una técnica, son fundamentales en cualquier actividad creativa; que no todo es genio e inspiración, un ataque de optimismo me embarca en este proyecto casero. Voy a intentar, con un poco de tiempo y paciencia, acostumbrarme a escribir. A ver lo que sale. A ver cuan horribles y desagradables, pedantes y torpes son mis palabras por escrito. Advertido lo cual inicio el experimento.

Me duele la garganta, desde que me levanté. Hablé con E., mi hermana, que es médico y vive en M, para que me recomendase algo para tomar. Me dijo que “Varidasa”. Como la tenía en casa ya me he tomado la primera pastilla. Ahora que digo que E., mi hermana (femenino), es médico (acabado en “o”) y no médica, me acuerdo de lo que me acaban de contar. Se organizó en no se donde y de manera espontánea una manifestación para reclamar facilidades en el acceso a la vivienda, ponerla más al alcance de la gente joven. Perfecto. Uno de los lemas enfatizaba y decía “… una puta casa”. Pues resulta que dicho lema fue calificado de sexista, ¿?. Y suprimido de la manifestación por alguna lumbrera o lumbrero, supongo que muy ofendida u ofendido. A mí, todo esto me da la risa, riso. La que en la actualidad se ha montado con eso de los géneros, no todos, sólo el masculino y el femenino, porque al neutro por ahora lo dejan en paz, me parece una cosa miracolosa, estupendosa. Ridícula, vamos. Es que con solo ver las noticias en la tele o leer el periódico uno se asusta, se acojona. Yo por lo menos paso miedo auténtico. No le recomiendo a nadie, ni con uno ni con dos dedos de frente que haga algo parecido a leer el periódico, o ver la noticias. El otro día, por ejemplo: Que van a pedir, e inclusive luchar, por la igualdad entre hombres y mujeres también en lo relativo a las palabras que designan las distintas profesiones. Es más, una mujera de su tiempo, moderna, independienta, sin complejos, tiene que sentir una punzada en su corazón, un insulto secular, por el mero hecho de que en la puerta de su oficina ponga: “María López: Notario” o “E. M.: Médico”. ¿Cómo? Es el colmo, la gota que colma el vaso de la humillación femenina. Nosotros, los del género masculino, se decía en el telediario, tenemos que ser periodistos. Esto es de coña. Pero como nuestros bien pensantes políticos andan al acecho, todo se va a la mierda. Como dicen ahora pola nosa terra: “Temos que por en valor” ou “Poñer en valor” que tamén o dín. Se jodió. Todos a decir: “Las alumnas y los alumnos están contentas y contentos porque estudian para periodistas y periodistos…” Un amigo mío, también enterado de estos galimatías lexicológicos me explicaba, con mucha agudeza, el problema que se planteaba cuando la terminación no era en “A” y en “O”. Por ejemplo: albañil. Nuestros locos bien pensantes quieren que ellas sean albañilas. Tócate las pelotos. Un hombre es albañil, y una mujer, pues supongo que también. Pero no puede ser. Que es eso de que nos entendamos como hasta ahora, venga albañilas, jinetas, peritas. Les resulta inadmisible que con una sola terminación, ya sea “A” u “O” se designe la profesión con independencia de su género, ya sea médico, periodista, notario o policía. Pero les da la erisipela, no lo pueden soportar, esas terminaciones en “O” para designar un puesto que desempeña una fémina, intolerable. De ahí que, “e xa que temos que poñer en valor a igualdade”, a nosotros no nos quede otra que ser curos, policios, periodistos, azafatos, astronautos y juezos y ellas peritas ingenieras, por ejemplo.

Acabo de leer “Retrato de un Joven Malvado”, de Francisco Umbral, me gustó, pero disfruté más aún de las “Ninfas” o “Madrid 1940”. Esta última es tremenda, que bofetadas te da el tío este. Está realmente bien, directa, sin contemplaciones, a veces escatológica. Me encantó. Que pensará Umbral de todo esto de los géneros. Sabe dios. Creo que escribe en el Mundo, pero nunca lo leo. Debe haber repartido bien con este tema, y con tantos otros. ¡Mercedes!, televisión putrefacta… eso sí, haciendo propaganda, en medio de la putrefacción, de su último libro. El de Umbral con la Milá y el de Arrabal con Sánchez Dragó son de esos momentos que valen su metraje en oro. Que pasada. Hay uno con María Teresa Campos desatada contra el Hermida más cargante que les va a la zaga… Con la edición de “Retrato de un Joven Malvado” tuve mucha suerte. La encontré en Follas Vellas. Es la primera edición de Destino, con una sobrecubierta bien bonita, y solo un poco gastada. Una suerte.

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