miércoles, 9 de mayo de 2007

9 de Mayo (A dos metros bajo tierra)

Estoy en estado de shock. Y Montse también. ¿Por qué? Ahora lo explicaré, aunque en el encabezamiento hay una pista definitiva.

Cuando nos vemos, May y yo nos pasamos horas y horas entregados a amistosas y gratificantes disputas sobre recurrentes temas. Si algún indiscreto decidiese gravarnos, se encontraría con una frase que se repite por doquier. Recurso último con el que pretendemos dar por definitiva, concluyente y categórica la opinión de turno. Si estamos de acuerdo en algo (llamémosle X) y hemos gastado todos los calificativos posibles, recurrimos a la coletilla de la que estoy hablando: “X es otra cosa”. Cuando no hay acuerdo posible y el uno pretende convencer al otro, ambos esgrimimos, hasta con malicia y deslealtad dialéctica, ese “X es otra cosa” para socavar las ideas u opiniones del otro. Debo reconocer que en estas disputas yo soy más marrullero. O eso creo. ¿Quién o qué es otra cosa? Pues, para ambos, Borges, Picasso, Senderos de Gloria de Kubrick, Bill Evans, John Coltrane, etc. Para May, Kafka es otra cosa. Para mí, Frank Zappa es otra cosa. Así podría estar hasta mañana. Pues bien, he de añadir un nombre más a esta egregia y sobresaliente lista: “A dos metros bajo tierra”, ES OTRA COSA.

Tal cual lo he dicho, sin discusión posible, en plan intransigente. Montse y yo (Emule mediante) hemos visto la serie completa (63 capítulos) a lo largo de estos meses. Realmente, lo que empieza sólo bien, hasta exigiendo un poco (o mucho, según la persona y sus gustos) de complicidad en el espectador, acaba (sobre todo la descomunal, inmensa e inolvidable 5ª temporada) con tal despliegue de emociones, imágenes y situaciones para el recuerdo, que es difícil hacerse una idea si no se ha visto la serie. ¿Por qué? Pues simple y llanamente porque, por muchas series o pelis que se hayan visto, “A dos metros bajo tierra” es otra cosa.

Decidimos empezar a verla por la fama que tenía. A mí, Jose me había hablado bien de ella. Un día cogí un capitulo medio empezado y me gustó algo, pero tampoco nada del otro mundo. Desde luego que no era una serie al uso, pero parecía un poco aburrida. Ahí quedó la cosa. Más tarde, con la llegada del Emule y ADSL a nuestras vidas, decidimos verla desde el principio. Y hasta hoy. Qué pasada. Está tan bien hecha que es un cante auténtico. Una cosa es que las series nos enganchen por su emoción, intrigas y suspense, por lo divertido de sus personajes y situaciones, por lo espectacular de ambientes, decorados y efectos, por lo ocurrente e ingenioso de sus guiones etc., etc., etc. En estos casos, por lo menos para mí, por mucho que me guste una serie, sus límites siempre están claros. Básicamente me entretienen. Algunas muchísimo, no lo niego, pero nada más. Con “A dos metros”, la cosa cambia. Me es imposible compararla con ninguna serie que haya visto. Está a otro nivel. Un nivel de sensaciones más cercano al tipo de emociones que con tanta facilidad nos hace sentir la música. Al comienzo, descoloca un poco. Hay que cambiar de chip. Acostumbrados a que las series tengan mucho más ritmo, aquí parece que no pasa nada. En los primeros capítulos tuvimos la sensación de que buscaban la ocurrencia o el chiste ingenioso y no nos parecía que lo consiguiesen. Desde el principio el conjunto de personajes es curioso y variopinto: La familia Fisher y allegados, y la serie parece buscar situaciones extravagantes o graciosas entre ellos. Esa primera impresión, que no nos convencía mucho, poco a poco va dando paso a un entramado espectacular de vivencias que resulta deslumbrante y que se te mete por dentro sin que nada puedas hacer. Es un verdadero deleite ver cómo poco a poco nos va cercando, absorbiendo y cautivando. Sin prisa pero sin pausa.

Toda la serie esta muy bien. Ya dije que el comienzo es un poco titubeante. Luego, y según las temporadas, se centran más en un personaje o en otro. Por ello, también tiene altibajos, pues hay personajes que dan más juego que otros. Sin embargo, y fuera de toda duda, en la 5ª temporada (por desgracia la última) el espectáculo es apabullante. Es la gota que colma el vaso. Sin ella, la serie ya es única, pero con ella, es… Sin recurrir a sentimentalismos y trucos fáciles y olvidándose un poco del acento inicial, siempre simpático y optimista, llegan a un nivel que te quedas pasmado, calado hasta el fondo y sin habla. Por las situaciones y sentimientos que trata, y por cómo los trata, esta temporada es punto y aparte. Te deja acongojado. Por momentos parece un Documentos TV de los buenos, y a la vez, una de tus canciones preferidas. De verdad, es una pasada.

Para mayor información: www.hbo.com/sixfeetunder

2 comentarios:

Penélope dijo...

Totalmente de acuerdo!!! estoy enganchadísima a ella...! y todavía voy por la cuarta temporada... lo malo... que me va a inundar un sentimiento de vacío cuando llegue al último capítulo... no sé si dosificarme a un capítulo por mes para que dure más... :)

venturitiña dijo...

Pues prepárate para la quinta, que es tremenda... hay protagonistas que se vuelven más tarumba de lo que están en las anteriores... Y cuidado, que conozco a quien se quedó feito polvo cuando se le acabó la serie, y le dio el vacío ése que ya presientes tú... Por cierto, en la entrada, ahora, hay una letra en color. Seguro que sabes cuál...

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