domingo, 28 de octubre de 2012

El martillo divino

Con cierta frecuencia se presenta la cuestión de si pegarme un tiro o no hacerlo. A estas alturas la cosa ya no me sorprende, digamos que la tengo más que asimilada, o controlada, y me basto yo solito para afrontar el percal… Aunque no tengo pistola para furarme los miolos, ni soga para amarrarme al pescuezo, ni nada de nada, y sobre todo, aunque no tengo güivos para hacerlo, lo de pegarme un tiro va en serio siempre que se me presenta el dilema de si me lo pego o no… El otro día por fin me disparé… no veas qué pasada de tiro… pum… por no hablaros de la duda mareante que te entra cuando estás agrietando el gatillo. Miña nai. Luego se cierran las ventanas de todo y resulta que te has quedado fuera y solo y está oscurísimo y aunque quieras entrar ni dios te oye, tampoco ella, y ni dios te va a abrir y nadie te va a encender una luz, habértelo pensado de otra manera que era fifty fifty y te has equivocado… pum… tremendo.

Lo normal es que, así como se me presenta la cuestión del tiro, el decidir si me lo pego o no, aproveche para hacer otras cosas que me relajan y distraen mientras tomo la decisión de si lo hago o no lo hago… unas veces la distracción es ponerme a pensar en negro y cemento y nubes bajas y viento enfermizo y en grandes distancias y en olas que se comen el mundo además de comerse las playas y me pongo a pensar más que nada en mi puto ombligo y oigo que la guitarra desafina y no la sé templar y veo que las paredes se estrechan y que la gente es fea a más no poder… no se miran en el espejo, carajo?... es que no entiendo cómo se atreven a salir a la calle con esas miradas enfermas y decaídas y siberianas y con esos cuerpos encorvados hacía abajo, que desde que un amigo me explicó lo de los cuerpos encorvados hacía abajo, siempre hacia abajo, por qué no mira la gente hacia arriba? siempre hacia abajo, pues no hago más que comprobarlo cuando soy capaz de no mirar hacia abajo y veo que todos miran hacia abajo mientras yo miro hacia arriba las pocas veces que lo hago… y si un día de esos en que estoy mirando hacia arriba paso frente a un escaparate o un espejo inmediatamente miro hacia abajo y sigo pensando en todas esas chorradas de tipos que no tienen güivos o pelotas o narices para pegarse un tiro de una santa vez y andan encorvados y miran al suelo y no saben, ni se les pasa por la cabeza, que hay que mirar hacia arriba hasta toparse con un espejo…

Y ahora, cuando ya me he pegado un tiro, resulta que para eso dicen que está el Martillo Divino. Hombre no, que el martillo divino era otra cosa, que ésa sí que era una voz bonita y una canción aún más bonita que esa voz que ya era bien bonita…

Será entonces que algún hombre encorvado que vive a pesar de haberse tragado el martillo y no haber muerto de indigestión después de tragárselo, que sería lo lógico me parece a mí, pero es que este hombre sobrevivió a haberse tragado el martillo y vive con él dentro y resulta que nunca en su vida ha mirado hacia arriba y resulta también que es feo hasta decidir de manera voluntaria: no me miro en el espejo porque entre estas paredes tan estrechas ni siquiera lo puedo tener para mirarme en él porque no entraría un espejo en mi casa ni tampoco entraría en mi vida de lo estrechas y negras que son ambas, sobre todo negras, pero también estrechas, y menos mal que nada de espejos ni en mi vida ni en mi casa, prohibidos, decidido, porque qué horror tenerse que ver a uno mismo encorvado mirando hacia abajo y nunca hacia arriba…

Después de lo cual el tipo se tragó el martirio divino y no se ahogó ni se indigestó y sobrevivió y ahí sigue paseando cabizbajo y encorvado, lo sé bien porque justo hoy antes de tomar la decisión, como tantas otras veces, de si me lo pego o no me lo pego el tiro, cruzó por delante de mis narices el tipo que siempre mira hacia abajo y anda encorvado y es de cemento y tiene mirada siberiana, un tipo tan triste y negativo y tan como una implosión humana que todo lo asfixia a su alrededor, que de golpe se cerraron las ventanas y me quedé fuera, y estaba oscurísimo, y estaba solo, y ni dios me oía gritar que me había equivocado y que por favor encendieran la luz y que no me quería pegar un tiro, que a quien se lo quería pegar era al tipo que siempre anda encorvado.




martes, 16 de octubre de 2012

Joseph Heller/Trampa 22

Con los primeros chistes y absurdos y situaciones algo así como las de Groucho y familia uno se pone a la defensiva con el librito este de marras porque resulta inevitable, por lo menos a mí me lo resultó, que de qué te vas, meu… pero luego, son tantas y tan logradas algunas de esas absourdites que uno se sacude sus prejuicios de enteradillo de pacotilla… y vale que Joseph Heller escribió un libro para reírse pero es que resulta que el tipo sabía mucho de muchas cosas y lo destila sin empachar y se dedica a escribir el libro de chistes más serio y brutal y tremebundo que encuentro a la redonda… encima sobre la 2ª Cosa Esa y nada de tocar de oído que Heller se dejó caer por la refriega mundial y se ve que lo que vivió y padeció y se animalizó digo que se ve que todo eso luego lo invirtió en este trallazo, porque lo del talento debía venirle de serie que este tipo bota por fora que así da gusto tocar la guitarra que sale todo de carrerilla y el instrumento suena que mete medo…

















Lo que es una pena es que aparte del libro tremebundo de chistes increíbles sobre la cosa más seria que uno se pueda imaginar, con además algunos momentos que lo dejan a uno helado, que Joseph Heller, algo virguero él, combina la humorada inspirada con algún capítulo que duele de verdad, encofrado, horror pormenorizado a los mandos del bombardero, pues la pena es que aparte del librazo apabullante que le salió no se haya planteado Joseph una versión sin chistes ni delirios ni locuras ni literatura ni 555 páginas ni nada de nada salvo una píldora definitiva, un martillazo de Thor con el que poder arrearle bien duro en las entendederas o mismo en la sien a tantos que se lo merecen de verdad… porque os digo que Heller es portador de opiniones y argumentos como puños…

Y resulta que en el libro, además de algunos personajes memorables, hay cosas aún muchísimo más sofisticadas, que hay una elaboradísima paradoja de esas de las que es imposible escabullirse, que os digo que JHeller es cosa seria, una paradoja de eterno retorno y bucle sin fin de la que es imposible escaquearse… paradoja, y tranquilos que no os cuento nada, sobre la locura y las misiones de guerra y los soldados y sus mandos y qué pasada…

Puesto a interpretar otra versión salvaje del Voodoo Child sobre la 2ª Guerra World War en plan autores Iñakis digo Yankies yo pinchaba para esta ocasión Foxy lady en la Isla de Wight… digo El arco iris de gravedad, Matadero 5 y Trampa 22… miña nai, qué tres, pero ojo, que si me dices del Vietnam te espeto Árbol de humo, bua!… y antes de todo eso lo que habría hecho es apropiarme del Martillo de Thor que estoy seguro que anidaba en la cabeza de Joseph Heller, para ajustar cuentas por doquier… así como hacía el genízaro genial que este sí que tenía en la cabeza el Universo y no veas como atizaba con la guitarra…


martes, 2 de octubre de 2012

Arguedas/El zorro de arriba...

Os digo que mejor es leer el libro a pelo que intentar hacerse una opinión sobre el mismo consultando dimes y diretes, opción absolutamente nefasta siempre, incluyendo lo que a continuación sigue… y es que qué batallón de estulticia generalizada protagonizada por la enfermiza presencia del dogma político en el asunto del gusto por lo artístico en este caso empezando por los propios autores, típico, jopé qué diarrea, lucha de egos en el barro entre Arguedas y Cortázar… entre ¿indigenistas? y ¿cosmopolitas?... vaya empanada, meu… una enganchada de esas de aquí estoy yo con lo mío veintitantos centímetros verás lo que vale un peine… choque de voluntades, compromisos y desentendimientos… y detrás otros… outra vaca no millo, tonto el último, que Vargas Llosa le da la razón a Don Julio y Onetti a Don José María… y venga GGM… como párvulos… y luego vienen los engreídos del Nobel a desempatar pero tampoco… y para rematarla se descuelga el Bonaerense Universal con eso de que a MVLL nunca lo leyó… auuu! pupa de la buena, cómo escuece… pero que Cien años le gustó…

Por orden a mí me gustó más Conversación en la catedral que Cien años, de largo, que éste me gustó mucho mientras me gustaba la rapaza que me dijo que a ella le gustaba Cien años de soledad, que luego, cuando me aclaró que lo que le gustaba era el libro pero no yo, a mí el Gabo me dejó de gustar de golpe y porrazo y para siempre, que esas novelas son para enamorados y eso dura a lo más tres años y luego vas y te casas y le dices chao al libro que hasta te da vergüenza mirar para él de lo coñazo que es… siguiendo por orden, que así da gusto, más que cualquiera de esos dos me gustó El Aleph

Parte de la polémica nos la topamos en lo que de diario tiene El zorro de arriba y el zorro de abajo, que un renqueante Arguedas va y opina sobre los demás, sin duda educadamente, me pareció a mí, pero en unos momentos que se titulan buscando su segundo suicidio que sería el de verdad y se ve que opina sin miedo, como dopado por la terrible decisión ya tomada, pero educadamente, ojo… luego, fuera de lo que de diario tiene el libro, de verdad cosa muy seria, José María Arguedas nos cuenta algunas historias y asuntos de Chimbote e Isla Blanca que son para enmarcar, absorbentes, páginas inspiradísimas… que le vuelve la vena emocional como en tantos pasajes de Los ríos profundos y te deja con los miolos haciendo de molino un día de crecida… que cuando le entra el rollo ese de que se ve inspirado, se suelta de verdad y se queda solo dando forma a lo indescriptible y le salen unas parrafadas bonitísimas que ya le gustaría a otros… con lo cual no os digo nada salvo que a mí me encanta, que en el fondo es lo que importa… por lo menos a mí.

Ahora no me queda otra que volveros a recomendar el experimento de las dos patadas en los huevos (pinchad aquí)… aunque podéis cambiar, lo entendería, la patada en los güi por unas cosquillas, como que más soportables en principio, y probad a ver lo que sucede en este caso distinguiendo entre las cosquillas que os hace una ¿indigenista? y las que os hace una ¿cosmopolita?... otra vez de cajón, eh?… aunque he de reconocer que yo prefiero el primer experimento, que uno se olvida de él con muchas más dificultad, que se nos queda como grabado indeleblemente.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Celine/Cartas de la cárcel

Menos mal que el librito está editado con algo de gusto que, si no, el cabreo podría ser monumental… esto para quien esperara encontrarse en las cartas de Celine lo mismo, o por lo menos algo parecido, a lo que abunda en varios de sus libros: la gastroenteritis más absoluta

Pero resulta que Louis Ferdinand no vomitó en las cartas que le mandaba, así como cada dos días, a su abogado danés y a su mujer a través de aquél, mientras pasaba frío y miedo en las celdas de Copenhague esperando su extradición a la grandeur para su posterior e inevitable eliminación sumaria… por lo que, en vez de vomitar, a lo mejor una de cada cincuenta, lo que hace en las demás es…

Para el que no esperara encontrar lo mismo que en sus libros… el cabreo también está más que garantizado, que aún así las cartas son en su inmensa mayoría repetitivas y aburridas hasta el acople, qué menos en esas circunstancias, escritas cada dos días y acojonado el Destouches hasta el tuétano con la horca o el garrote o la guillotina… dándole hasta la ofuscación mil vueltas a lo mismo y entonces dedicándose a hacerle la pelota al letrado con el sácame de aquí y mira que me quieren matar por venganza y envidia y resentimiento artístico y mira que lo que de mí se dice es todo una infamia y mira cómo otros, esos sí que mofletudos colaboracionistas de verdad, están ya en la academia francesa y aquí el que sabe escribir soy yo y voy y me pudro a marchas forzadas y me quieren matar y esos son unos envidiosos mediocres adscritos al sol que más los engorda y venga a repetir sus razones, varias indiscutibles…

Y resulta de las cartas que el tío no es el que podría parecer, y como que se hace necesario un poco de claridad sobre el asunto, que, en parte, el mito luciferino se nos evapora entre las manos y casi es mejor dejar de leerle las cartas a Louis Ferdinand y prenderles fuego y olvidarse de todo y yo mi libro ya lo regalé y ya estoy con sus novelas de nuevo y ya me tranquilizo pero carajo, Louis, s`il vous plait, a qué viene eso de ser como quien dice un tipo tan decente como otro cualquiera en lo personal y en eso de la manera de desenvolverte en tus asuntos propios... con lo que en el fondo resulta que eres algo distinto a esa manera de ser y de ir por la vida que parece que te caracteriza según leemos en tus libros, cosa totalmente lógica y comprensible, me refiero a que no seas el mismo que en tus libros, normal, que en eso consiste muchas veces lo de escribir novelas que si no… o será que en las dichosas cartas hacías un esfuerzo por contemporizar que no es para menos que estaba en juego tu vida y llevabas las de perder, normal... o será que las que son de mentira son las cartas que las novelas no tienen pinta de tramposas... da igual... pero déjate de cartitas naive de una santa vez y manos a la obra con tus novelas mayúsculas que enchironado otra cosa no pero tiempo… que después de esto de tus Cartas de la cárcel sólo me faltaba enterarme de que Thomas Bernhard era un tipo sociable… y entonces sí que es el fin del mundo…

lunes, 24 de septiembre de 2012

W. Borchert y un agujero negro

Nos cogemos un mapa y situamos Hamburgo, Luneburgo y sus landas, Walsrode y alguna que otra palabrota más… y tenemos el agujero negro del que nos hablan ciertos escritores alados en sus artilugios escritos sobre qué es eso de ver venir el desbocado fin de los tiempos hacía uno mismo; y loquear de miedo o de indiferencia; y suicidarse o coger el fusil; y juntar los pies en posición de firmes o meterle un corte de mangas magiar al primer milico a la vista; y… WG Sebald y Arno Schmidt y Hans Erich Nossack y Wolfgang Borchert; y le dan vueltas y revueltas, cada uno a su manera, a lo que pasó durante y poco después de la 2ª Cosa Esa… en el sitio elegido sobre el que coinciden los cuatro autores y sus libros y que vendría a ser Hamburgo y sus alrededores, el Elba y…

Para la descripción del profundo agujero negro tapiado de bazofia hasta la escotilla tenemos, siguiendo el mismo orden utilizado para nombrar los escritores, los siguientes librajos/ catálogos/ manuales:

Sobre la historia natural de la destrucción.
El brezal de Brand y Momentos de la vida de un fauno.
El hundimiento (Hamburgo 1943).
Cuentos completos y Fuera, delante de la puerta.

El primero es una pasada, un nueve
El segundo y el tercero son otra pasada, sendos nueves
El cuarto más flojito, un seis…
El quinto, un nueve… y el sexto, un siete…

Lo mejor del mejunje anterior es que entre ellos hay tantas diferencias como las que habría entre quien, a bordo de la pílula voladora B29, se dedica a arrojar las bombas que van a achicharrar a los de abajo, y quienes abajo, a bordo de su disentería pánica, ven venir la bomba incendiaria con su nombre bien apuntado en brillante plaquita RIP peligro de explosión inminente…

Con Sebald/Schmidt/Nossack ya hemos hecho alguna que otra empanada de berberechos en este blog… pero con Wolfgang Borchert, no…

Manda narices que el tipo Wolfgang este se haya ido con 26 añitos y en tan sólo dos años haya tenido tiempo para escribir esos increibles RELATOS, algunos realmente memorables… y también su Fuera, delante de la puerta… pero es que esos relatos lo dejan a uno con la cosa del thinking más bien congestionada, pensándose, y mirar que os hablo en serio, que no puede ser, meu, que ya estamos con otra trampa editorial, que no puede ser que a la gente le salgan según qué cosas a según qué edades… es que no puede ser, que es como ganarle al etíope campeón de todo lo atlético que existe y además elegante, pues ganarle un maratón con sólo siete años, a ver, decidme algo ahora…

Entonces, para convencerme de que no es una treta editorial yo me leo los relatos del fenómeno Borchert como si el gachó no tuviera 24 tacos cuando los escribió, venga ya, hombre! imposible, sino unos cuarenta y pico… y así la cosa me sigue gustando y encantando lo mismo y además no me marea ni confunde ni me pongo a elucubrar y desconfiar convencido de que esto tiene que ser una cámara oculta o un montaje del trust…

Sin embargo, he descubierto en algunos personajes un fenómeno inverso… y también el contrario a éste, gente desorientada, que se podría decir... A ver, que hay quien flipa con Borchert porque escribió lo que escribió antes de los 25… pero a las claras también nos cuentan estos mismos espíritus ilustrados que si esos relatos los hubiera escrito con cuarenta y pico años no les gustarían… cuidado con el tema, que a estos tipos una patada en todas las pelotas/güivos les duele si se la da - arrea un tipo rubio, pero no se enteran del dolor si el tipo es moreno… cosa seria, porque mira que las patadas en los güi duelen a dios y a su madre y ello con independencia de si el tipo que nos la arrea es veinteañero y cincuentón, que esas partes tienen así como bastante sensibilidad, que no los cerebros de estos ilustrados para la lectura que les piden primero las credenciales al autor y luego deciden si les ha dolido el patadón digo gustado el libro, que vale para uno de treinta pero no para uno de cuarenta, que en ese caso ya no es bueno el mismo libro que antes sí lo era…

Lo mejor es que cada uno de vosotros probéis (yo ya lo he hecho) a que os den dos patadas en las pelotas, ojo! en todas las que tengáis… la primera un chaval de quinto curso fan acérrimo de Wolfgang Borchert, y la siguiente, si es que aún podéis con vuestra sombra, un tractorista de ciento veinte kilos fan acérrimo de dar patadas en los güivos a imbéciles como nosotros… ¿Ya lo habéis hecho? ¿A que duelen lo mismo?... si es que es de cajón… pues estos ilustradísimos lectores después del abrupto shock genital no tienen claro si les están doliendo los huevos o no, y van y preguntan y si se enteran de que la patada se la dio uno tipo que, en vez de 25, tiene 45 años, pues entonces ya no les duele lo que antes les hizo ver las estrellas… es como milagroso… qué envidia… cuestión extrasensorial y casi tántrica… y les pasa lo mismo con los impresionantes cuentos de WBorchert

jueves, 20 de septiembre de 2012

¿Más Todtnauberg? NO!!

Volvimos a Todtnauberg… ¿? cuidado con la estupidez… y encima va y lo cuenta… en plan de ésta sí que no se me escapa retratar la guarida del Ogro, que para eso lo tengo todo preparado, que consulto el tiempo online y espero el día idóneo, por la absoluta ausencia de nubes, y me dejo caer por la comarca bien pertrechado de pedantería e idiotez y cámara de fotos y una cierta y vaga idea de no irme a parar ante amenazantes carteles de prohibido el paso como ya hice, acojonado y flojo, hace un tiempo, ocasión en que parecidos impulsos nos subieron al coche y alienaron kilométricamente:  (clic aquí)...

No señor, que de esta vez la cosa llamada estupidez me lleva hasta la cocina su madre, barra libre, frei alkohol, a cara descubierta, a plena luz del día, achtung, meu! tres escalones, bonita cabaña, preciosa la fuente de madera… sí que es bonita la dichosa fuente con su estrella cuadrada bien labrada en sabe dios qué madera noble y resistente… jopé el Ogro, cómo se las gastaba, vaya vecindario y qué paseos que se largaba por el sendero panorámico, ahora señalizado para turistas, cosa ciertamente atacante, y que recorrimos cumplidamente, pues eso… y otra vez el poeta que se me viene al magín, que qué carajo pintaba aquí el abúlico, y genial, Paul Celan, es que no se entiende, mejor tirarse al Sena un día de crecida y sin saber nadar… del encuentro entre el Ogro Martin, la cabaña, la fuente y el Abúlico genial hay testimonios de todo tipo… creíbles e increíbles, impresos y filmados, y todo a la venta… pa tirarse al Sena, vamos

Luego está la cuestión del miedo, que eso de la desobediencia, pasadas determinadas latitudes donde se acostumbra a cumplir la norma así como voluntariamente y sin coacción, lleva a que se sienta con un poco más de rigor montuno, el miedo digo… de esto que te cogen haciendo una inocente fotito en la cabaña del Ogro, trastada absolutamente estúpida y desaconsejada en idioma tedesco, entiéndaseme que en indiscutible y anunciadísima propiedad privada, y estos tipos rubios van y encienden las hogueras, sacan la marmita y se te ponen a festejar la noche de Walpurgis a fuego lento y punto de cocción propiamente calculado para que el suplicio seborreico dure hasta el amanecer…

Entonces estaría bien pensar qué harían con el tipo este que ni me atrevo a colgar su foto, que os pongo el enlace (pinchad aquí), que va el gachó y en vez de hacerse una fotito inocente prefiere encaramarse despelotado al techo de la dichosa cabaña del Ogro para que lo retraten... enmascarado, eso sí… con lo que pierde nuestra inicial admiración, que esa foto o se hace a cara descubierta o no se hace, atontado, Tonetti, panoli…


martes, 18 de septiembre de 2012

Arno es un raro Schmidt

Durante el veraneo me quedé asolagado con los libros de este tipo que, según a quién preguntemos, o es un genio o es un fraude ilegible…

De carrerilla me despaché Momentos de la vida de un fauno, El brezal de Brand y Espejos negros. Tremenda cosa escrita, en plan os voy a sorprender, en plan el caos propio de la guerra world war por las tambaleantes alemanias hechas añicos, en plan sálvese quien pueda que esto es el fin wagneriano pormenorizado e insuperable, todos a la gresca por sobrevivir a los trompetazos de plomo, patán chispún, gili el último…

En el espectacular manual del achicharramiento colectivo de WG Sebald, Sobre la historia natural de la destrucción, que ya debí leer cuatro veces, su autor se enfada con el punto de vista de Arno Schmidt, que de documental tiene poco, nos dice WG, para, acto seguido, mentarle la bicha al tío raro este… Y lo de documental, para Sebald, en determinado momento, hasta las narices el hombre de panegíricos y elegías y panfletos y victimismos y exabruptos y exageraciones sobre la 2ºGM, pues nos dice que era lo necesario e indispensable y óptimo e ideal, que su razón lleva, no me diréis, aunque sólo sea por compensar cierto rollo barroco literario… de ahí que idolatre unos libros que, valdrán como documental, que no digo que no, pero es que como libros pinchan sin remedio, que no todos, pero sí algunos, que no por ser documentales van a ser buenos, o malos, que habrá de todo… por no decir que por el camino del sobrio documental, meu, uno tendría que descartar las exageradas andanzas de nuestro atroz Celine o las alucinadas e intergalácticas cuitas de Vonnegut, o de Lind, o de Weiss, etc.… y perderse tales cosas por no sé qué ausencia de espíritu sobrio, veraz y documentalista ¿? es una chorrada morrocotuda, se me ocurre…

Y aunque lo que no se me ocurre es discutirle el discurso a WG, os digo bien clarito que qué carajo me importará a mí lo del documental ante el espectáculo que es la trilogía de Arno Schmidt, descomunales y gloriosos arrebatos garabateados… cogedlo y me diréis, es que entra por los ojos… abrid cualquiera de los libros, que si las cursivas, que si los pequeños párrafos, que si los encabezamientos, que si el sangrado, que si todo es una virguería, en sentido literal… una cosa que entra por la vista y que luego engancha y entretiene y sarna con gusto no pica pero mortifica… y me dice uno que si experimental,  el otro que si Louis Destouches a la pangermánica, el otro que si pretencioso y el otro que si abstruso… lo que quieras, pero dejémonos de buscarle tres pies al micho y vayamos al grano, que estos libros son para comérselos a cucharadas soperas bien llenas hasta arriba los topes traga y no digas nada, maula…

…y eso, la trilogía, es nada si lo comparamos con la parte inembargable digo inenarrable de sus majaderías, unos libros, aunque hay quien dice que son Atlas, que pasan cada uno de ocho kilos de peso y de nosécuántos eurazos de precio, en plan estoy guillado con lo que hago, pero sé que a algunos individuos dejo temblando con lo que de distinto tiene mi rollo creativo, y os pongo los libros artísticos a quinientos prohibitivos e insultantes euros el ejemplar, y a joderse, amigos… que uno se encuentra con El sueño de Zettel (o El sueño de la ficha/nota, según se quiera) en una biblioteca y, ante semejante joya, se dice, carajo, tengo que ahorrar, o robar, o lo que sea, que me quiero llevar a casa conmigo a este Arno y a su obsesión por las fichas/notas y por Poe… y ante lo bonítísimo que le queda todo a Schmidt, os pongo unas fotitos del objeto

Y un enlace de un librito decorativo sobre el obsesionado de las fichas y sobre sus fichas, y sobre la casa donde las paría, todo muy caro, supongo, y muy bonito, y algo afectado… veréis las fichas/notas del enfermo (pinchad aquí)

Continuará el tema este, que la única duda que albergo es la relativa a ahorrar o robar



















miércoles, 1 de agosto de 2012

domingo, 29 de julio de 2012

Los ríos profundos/ Arguedas

José María Arguedas, lo mismo que Onetti, se nos escapa de lo tremendo que es... No sé de dónde les vienen a estos tipos el tono y las maneras y el todo lo demás que es imposible de definir, que nos dirán los cursis que el eso indefinible es como una melodía o como un espasmo en el amanecer o como una débil luz amarilla o hasta como la brisa y la sal en la piel, que yo os claro que lo que pasa es que estos dos son unos geniecillos totales tocados por unas varitas mágicas que hacen que lo que les sale por escrito sea tan distinto y tan suyo y tan bueno y tanta congoja le da a uno cuando los lee que parece mentira que nos vengan hablando del boom hispano hasta en la sopa y a Arguedas ni nos lo mencionen… menos mal que a JCOnetti sí… aunque mucho menos que a otros que para qué mencionarlos

Y eso que José MaríaA como que se contuvo, o debió dudar, o pensar en los demás, o le dio por ahí, que vete tú a saber. Y el caso es que Los ríos profundos está muy bien, alucinante, una pasada... Pero es que podría haber estado no muy bien, sino insuperable, obra maestra intocable, a poco que Arguedas se hubiera dejado llevar por lo que tenía dentro, visto que debía ser un geniecillo, en vez de hacer ciertas concesiones al convencionalismo o a la ortodoxia de lo trillado, de esto que a lo mejor fue el editor que le dijo: coño Arguedas, eres bueno y distinto y personal y haces que la garganta se le quede como atorada con una castaña al más pintado y exigente lector, todo lo que tú quieras, que es verdad que pones los pelos de punta y los ojos vidriosos y el corazón en un puño y la mente la troquelas y sobre todo ese nudo en la garganta que se nos pone cuando leemos lo que escribes… pero los dineros y el emprendimiento mercantil los pongo yo y a lo mejor tanta calidad de golpe y a manos llenas no sería tan fácil de digerir y van y me arruinan porque el libro no me lo compra ni dios… lo de siempre, vamos.

Volviendo a la topografía tenemos que Los ríos profundos empiezan con 77 páginas escandalosas de verdad, apabullantes, una cosa tan impresionante que lo deja a uno buscando a Arguedas en la lista de los mejores escritores del mundo mundial… y luego sigue muy bien, con varios ramalazos llenos de formulitas euclidianas de la congoja, ésas que tanto nos impresionan cuando nos las topamos entre las frases de estos geniecillos, que parece que estos tipos, Arguedas u Onetti, han vivido y sentido y desamado y se han dado batacazos por toda la humanidad junta, y aparte de haberlo hecho, pensad lo que puede ser eso, lo saben decir y contar mejor que nadie, que eso se les nota aún cuando dan la hora o dicen gracias… luego, hacia el final del libro, Arguedas debió cansarse de las cortapisas y chorradas del editor y volvió a dejarse llevar, y venga a soltar lo que llevaba dentro sin recato alguno, inspirado y emocionante, frase tras frase, lo que el cursi de antes definiría como lírico, aunque llamar cursilada a esto último y no a lo demás que os cuento yo es un buen atrevimiento por mi parte…

Resulta, también, que Jose María se pegó un tiro en el año 1969, así, para que nos vayamos haciendo cargo de que estamos hablando de cosas de verdad... Cuando se enteró del aciago acontecimiento, pues apuntó bien Arguedas, nada de amagos, Juan Carlos parece ser que lloró un rato amargo… Tales circunstancias las cuentan en un programa sobre Onetti que circula por La 2. Lo dice Eduardo Galeano, y hasta contándolo se le vuelve la castaña a la garganta a éste también, y se le entrecorta el discurso, que el nudo le aprieta mucho, que es que leyendo a Arguedas, o recordándolo, la cosa no es broma… Si no os lo creéis, pinchad aquí el documental que os digo e iros a 01:02:45 para ver qué es eso del nudo en la garganta que se le queda al Galeano contando lo de Arguedas y Onetti... ojito.  Para ya me voy a agenciar El zorro de arriba y el zorro de abajo que me da a mí que debe ser mucho artilugio…


























viernes, 13 de julio de 2012

Un día en la vida de... ¿cualquiera?

Empecé el libro famosísimo de Alexandr con la idea de que se me iban a retorcer los tuétanos con las majaderías y sinsentidos institucionalizados como norma jurídica de obligado acatamiento por uno cualquiera de los totalitarismos tutiplén que campaban a sus anchas por Europa adelante hace ya bastantes años…

De otros libros, algunos tremendos, sobre el asunto de que un preso se ponga a redactar la cosa que está viviendo tengo clara una cuestión. Poco me interesa el rollo, más bien aburrido, del día a día. Que leído uno, leídos casi todos, que las prisiones y las salvajadas anexas son cosa similar en casi todos los idiomas conocidos y, salvo que el autor sea un elegido, que los hay, que no me canso de pensar en Louis Ferdinand, que cómo contaba este pájaro el asunto carcelario, o Genet o…, pues que salvo las buenas artes de algunos fenómenos de escritores bestiales puestos a contar el asunto, en el resto de supuestos tenemos que, sin estos sobresaltos de estilo y puntos de vista algo estrafalarios, la cosa pierde bastante…

Lo que sin embargo me entretiene hasta la ofuscación es el conjunto de aberraciones e injusticias y atropellos y cosas totalmente imposibles de creer que llevaron a algunos de estos encarcelados, víctimas del totalitarismo, a la cárcel… desde el tamaño de la nariz, el cociente intelectual, una opinión, la falta de la misma, el pogromo o la razzia, la revolución o la contrarrevolución, la arbitrariedad o la contraarbitrariedad administrativa, y un largo etcétera de filiaciones metakafkianas que hasta había un código penal europeo que, allí por los años cincuenta, tipificaba como grave delito “expresar” ciertas opiniones, también “pensarlas” aunque no se exteriorizasen, e inclusive, y esto es de cum laude, “tener la apariencia” de que se pudiera llegar, en el futuro, a pensar o expresar esas ideas que se pretendía evitar por parte del poder... lo cual es una auténtica virguería de profilaxis totalitario – administrativa.

El caso es que Alexandr, en vez de abrumarnos con los impensables y escandalosos motivos por los cuales se acababa en la trena, o asustarnos con las desproporcionadas penas de decenas de años de prisión que le caían a cualquier viandante, cuestiones que habrá gente a la que le trae sin cuidado pero que a mí me entretienen, nos cuenta en estilo más bien plano aséptico un aburrido día en la vida del preso Iván. Y nada de los motivos, si es que los había, y demás tropelía que lo llevaron al calabozo… Entonces, vale que hay frío, cierto hacinamiento, algo de picaresca y compañerismo, trabajos forzados, rancho exiguo y…, pero, en el fondo, nada nuevo para quien está metido en chirona. No digamos si lo comparamos con ciertos relatos del Lager que ponen los pelos de punta, comparado con los cuales lo de Iván Denísovich está más cerca de parecer un campamento de verano…  y estoy seguro de que no lo era, con lo que no sé qué pasa con el libro éste que se nos queda como fofo y hasta ridículo… por no pensar lo que deben ser estas cárceles de Centroamérica  recontra masificadas… y es que tomando como punto de referencia el día en la vida de Iván que nos cuenta el autor, exagerando un poco se le podría decir al susodicho Iván que no se queje, carajo… cosa que, quejarse, hemos de reconocer que tampoco lo hace, con lo que volvemos a lo de que el libro éste es que no lo entendemos del todo, aparte de que es aburrido, y plano… y bastante bluff… y me creo que para algunos pueda ser una exaltación del ¿humanitarismo? imperante en el Gulag y para otros una ¿inteligente y mordaz? crítica del mismo Gulag, que de todo se puede argumentar con un libro que supuestamente habla de una cosa sin mencionarla… valoraciones éstas que no impiden que, para unos y otros y al margen de apestosos trasfondos de condicionamiento político que obran el milagro de que nos guste lo que no nos gusta, la novela sea aburrida – fofa hasta cogerle inquina al tobaris Alexandr…

viernes, 6 de julio de 2012

Viajes de un antipático... Parreño

José María Parreño da la sensación de que se va de viaje con ganas de no hacerlo, aunque habría que aclarar el concepto, que es que da la sensación de que se muere de ganas de irse de viaje pero como a él le debe gustar, intuimos, que es diciendo que no le apetece, una cosa más bien esquizoide, pero de baja intensidad, nada de grandes procesos internos y torturadores, sino una esquizofrenia de medio pelo, o pacotilla, a ver, un ¿engreído? que dirían otros… de esto que algo te apetece mucho, pero más te apetece que parezca que no te apetece, a ver, que te rueguen por las cosas… cosa que dicha toda de golpe no pasa de ser una estupidez por mi parte, que nada sé de cómo le gusta lo del viajar al autor.

Fruto de irse de viaje con ganas de hacerlo pero sin tener ganas de hacerlo, y viceversa, le salió un libro que me acabo de leer: Viajes de un antipático. Me lo encontré el otro día por casualidad. Editado en la misma colección que un artefacto conglomerado de genialidades de Pe Cas Cor, autor del que no me atrevo a decir nada, salvo que es un fuera de serie, que si no me avisa un Preclaro compinche y me lo recomienda yo no me entero de su existencia y me estaría perdiendo algo de lo mejor que he leído en mi actual y futuras vidas, un tipo del que puedes soltar animaladas del estilo que era un genio y quedarte más ancho que un tonel…

Tenemos que el libro de Parreño está editado de tal manera y formato y características estéticas del objeto, que uno mismo, aparte comprárselo, siente que también pudiera darse el caso de que compartiera con el libro del genio que me recomendaron algo más que la apariencia externa, a saber: un contenido deslumbrante, qué deslumbrante, insuperable… pero no es el caso. Viajes de un antipático me gustó bien, pero no tiene nada que ver con las cosas que le salían al otro tipo de quien hablamos… De esto que si Parreño fuera un hacha del merchandising se habría negado a que su fenomenal Viajes de un antipático compartiera colección con los Cuadernos  amarillo, rojo, verde y azul de PeCasCor… Porque lo vemos en la estantería y el libro de José MaríaP nos recuerda al otro y entonces eso que dicen de que las comparaciones son odiosas se nos viene encima y nos chafa un poco bastante el libro de viajes de Parreño que, estando muy bien, no es lo del otro libro, que se situaría fuera de concurso y también de la Vía Láctea… aunque ojo, que podría ser, hablamos ahora de otra posibilidad, que la simple inclusión de su libro junto al del genio, en la misma colección de Árdora, colmase a Parreño de laureles y vanidades, que esto también es verosímil, que no hay duda de que es un tipo con gusto y seguro que aprecia a PCC…

A Parreño lo de la comparación le sale mejor con otro librazo, fijaros lo que os digo, que por aquí nos encanta: "Un bárbaro en Asia", de Henri Michaux. Es que el uno recuerda al otro, a pesar de la porrada de años entre ambos y de muchas otras irrelevancias y majaderías… y vaya dos librajos que tenemos… En Viajes de un antipático algunas de las cosas que nos cuenta son, de verdad, divertidas y estrafalarias y ocurrentes y más bien frescas y hasta resentidas y lloronas y poco admirativas, aunque algunas también esto último, y chispeantes y me gustaron de veras… y lo mejor es que a Parreño le salen de vez en cuando tremendas andanadas solido gaseosas como el embargante asunto de si es posible pensar un “hachazo en la frente”, en la propia, entiendo yo, cuestión que a mí me capta como adepto incondicional del tipo… Que justo antes de lo de pensarse el hachazo nos explica José María que “la verdad, si es que existe, está del otro lado…” subterfugios que lo dejan al lector como con ganas de festejar el descubrimiento… para lo cual me voy a hacer con los servicios, si puedo, de la cosa siguiente: Cuentos de sombras… que ya a la portada que tiene le estoy dando el sobresaliente…

martes, 3 de julio de 2012

En qué piensa Haruki cuando corre...

Tengo tres buenos amigos que, cada uno en su línea, se dedican a eso de correr… Con cualquiera de ellos he pasado inmejorables horas hablando del asunto éste del correr al que Murakami le dedica un libro, algo así como un diario del escritor japonés… A poco que nos dejemos ir, lo de patear a diario da para mucho que comentar, y es que en dicho trote se dan cita, aparte esfuerzos, sudores y estiramientos, pues manías de todo tipo, tendencias cronometradoras, alimentos optimizadores del rendimiento, potingues mágicos, compañerismo, tipos de pisada, obsesiones por el colesterol o el bisniki, euforias, decepciones, lesiones  y un largo etcétera de cuestiones de acuciante perentoriedad para quien se halla inmerso en el asunto… esto que dicen que el correr, engancha… pues eso.

Y entonces, acostumbrado a que el correr dé para mucho, resulta que va uno todo ilusionado y se coge el libro del afamado escritor de turno, individuo del que hasta éste no había leído ningún libro… Haruki se cansa más si corre cien kilómetros que si corre diez. También se abriga si hace frio y se quita la camiseta si hace mucho calor. Prefiere una marca de zapatillas a la otra. Adelgaza cuando entrena a diario y, a veces, le da pereza salir a patear cuando llueve, no le gusta hacerlo por una carretera llena de coches y prefiere un parque o un sendero por la costa, bebe cuando tiene sed, o, incluso sin tenerla, lo hace para hidratarse, a ver, que en el fondo de una prospección psicológica sin fondo Haruki nos desvela que corre con las piernas, dos en total… Resultado de todo ello es que Haruki no nos cuenta en su libro nada que no nos pudiera contar un chaval de parvulitos no muy locuaz después de su primera clase de gimnasia… Haruki ni tiene gracia, ni es enjundioso, ni agudo, ni sutil, ni raro, ni nada de nada salvo un tipo ramplón y tedioso cuando escribe sobre correr… es que tiene que haberlo hecho obligado por el editor, lo de escribir el libro digo, rosmando, sin ganas ni una idea clara de qué carajo hacer, cosa que tampoco lo disculpa, que hay libros a montones que, escritos en esa tesitura por sus autores, son la gloria pura… Haruki, Haruki, por favor.

Con lo de los diarios hemos batallado varias veces, que cuando están bien, son una pasada, y cuando no, pues son un coñazo… bajeza de análisis ésta que bien podría parecer una sesuda reflexión de Murakami… Para salir de dudas sobre el autor, voy a enterarme de cuál de sus novelas pasa por ser su “tour de force”, chorrada políglota que dejo caer así como quien no quiere la cosa pero básicamente porque en castellano se me hace prácticamente imposible decir que Haruki pueda haber escrito una obra rotunda, no digamos genial o maestra, que a lo mejor sí, que ya veremos, que para eso me pienso leer una novela del personaje, pero es que lo dudo muy seriamente, y ya veis que empiezo con cierto prejuicio, pero es que de eso nada, leeros el libro que le dedica a lo de correr y hablamos…

Y vuelvo a las conversaciones con mis compañeiros atletas aficionados pero que no veáis como corren los tipos, alucinante, qué desparpajo… les voy a preguntar por ciertas cuestiones que el ramplón de Haruki trata en su soporífero diario de corredor para oír sus respuestas… hasta ahora sabemos, os lo digo yo, que la pregunta que se hace Haruki: de qué hablo cuando hablo de correr tiene una decepcionante respuesta, y es que Haruki no habla de nada… veremos de qué hablan ellos cuando hablan de correr… como mínimo, de muchas cosas

Por cierto, también pienso probar con el libro de Echenoz, que algo me han comentado de él…



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