
De los varios libros sobre dentelladas
licantrópicas me agencié hace poco Manuela Branco Romasanta, O lobishome asasino, de Mariño
Ferro. Cuánta información… y cuánta novedad. Empezando por el género del
archiconocido ¿Hombre? Lobo de Allariz… vaya una cuestión a dilucidar, no
tenía ni idea de la porfía.
El libro no tiene desperdicio… de lo
mucho que cuenta, me quedo con lo que no aparece por ningún lado… la trocha, el
camino, el deambular, el reguero de fino hilo que, sobre la carta,
trazarían las andanzas del Licántropo… estuve traduciendo al mapa dicho paseo
infernal. Los datos los coges del librajo… los conviertes en
trigonometría plana y elemental, nada de tecnicismos, y… quede claro que iba
buscando a Cid Cabido en esas piedras y páginas.

Me da que ese lugar en las alturas, de
nombre inverosímil, colgado de las montañas oscuras, podría haber salido de un relato de
Méndez Ferrín… pero en ese relato no encajarían las chimeneas de equilibrio,
estructuras de ciencia ficción en medio de aquel paréntesis de roca negra…
con ellas, con esos artefactos verticales, el relato deja de ser del Titán de
Ouréns y pasa a ser de Cid Cabido… vaya dos, seguro que
encerrados diez minutos en una de esas torres, con los pies hundidos en roca
negra y los brazos en las nubes, inventarían elnovamásallá de
Chaguazoso.
El no vas más acá podrían ser Los Hombres-Lobo…
recopilación de cuentos y aullidos de la colección El ojo sin párpado.
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