viernes, 15 de marzo de 2019

Ronseltz/Unicornio de cenorias que cabalgas os sábados



Un día, hace tiempo, entré en casa del CompincheX, sin avisar, y le espeté, porque él estaba dentro: “A realidade é unha señora sen piano…” me mandó a paseo, me dijo que eso era ya muy viejo, que lo había escrito Avendaño y que… no, mejor que decirme más nada me enseñó sus tesoros, que ahí duele:

Entre ellos, As ladillas do travesti y Facer pulgarcitos tres. Rompente. Espirales. Nunca los había visto. Miñanai, qué artilugios.

Luego me contó cómo es que los había conseguido… Historia inverosímil y divertida, por eso me la creí, de P a PA. Casi lo secuestro a él y pido de rescate los puñeteros libros. El afán por simplificar me llevó a descartar el plan… y me puse a hojear los librajos y sobarlos y envenenarme y ver si se los podía birlar en un descuido que no tuvo el muy…

Herr Avendaño dice cosas por escrito que luego Menchu Lamas & Antón Patiño decoran también por escrito y todo el conjunto es de exposición pero si tienes suerte aún lo encuentras por ahí y entonces hay que sisarlo sin dudar… Facer pulgarcitos tres lo tengo en el grupo de los que merecen la pena a la enésima potencia, bajo llave. Para compensar los que son una tomadura de pelo. No sé, habéis leído a…

Leyendo Facer pulgarcitos tres pensaba en Empalador, de Haro Ibars, otra de esas cosas que si no se tienen hay que conseguir, porque con sólo leerlas no llega, para qué nos vamos a engañar, que hay que  acumular para cuando haya que hibernar. También pensaba…

Leyendo Facer pulgarcitos tres me acordaba de Unicornio de cenorias que cabalgas os sábadoS, del colectivo Ronseltz. Con dos narices... Otro Compinche me lo recomendó… suerte que tiene uno… en el libro hay cosas, pero cuando llegas a las páginas que le ¿dedican? a Novoneyra, de verdad, te olvidas de todo lo anterior y deja de interesarte todo lo posterior… en el librajo hay algunas idas de olla, ocurrencias y hasta un caligrama… pero es que el meneo que le arrean a UxíoN hace temblar a todita a Serra do Courel y al ganado adyacente… tiene un noséqué que no puedes quitártelo ni de dentro ni de encima ni de… moito. Uxío ímosche facer a parcelaria y Novoneyra en Nova York arrasan con uno, de risa. Una gozada.

jueves, 31 de enero de 2019

Avendaño/Facer pulgarcitos tres


Tres pulgarcitos facer vinieron a rescatarme de la crisis, lo mismo que Facer pulgarcitos tres. Artefacto espiral. Rompente. CompincheX. No doy más datos… En serio, estaba hasta las narices de la pequeñez… Sí, sí, que no todos son Samuel Solleiro o Manuel Seixas….

Quiero decir que después de Solleiro y Seixas, vaya libros increíbles los suyos, Samuel y Manuel/Manuel y Samuel, seguí por el (supuesto) mismo camino, pensando que todo el monte era mío y que me cagaba en el orégano y en Jauja.

Y me puse con Terminal, de Xelís de Toro: pues no… y con Sinfonía inacabada, de Xavier Manteiga: pues tampoco… y con En perigo de extinción, de Chesi: prefiero no hablar… y antes con Polaroid, de Suso de Toro, bluff… y con Rosa clandestina, de Xesús Valcárcel y con… que moral me sobra…

Me puse con ellos porque además de ser un desnortado, yo; además de tener tiempo, yo; además de que me los recomendaron, ella a mí; además de que nunca pierdo la fe, en un no sé qué indefinido; pues… además pensé que todos serían como Samuel y Manuel/Manuel y Samuel. Y no.

Me los recomendó ella, Dolores Vilavedra, involuntariamente, aclaro, que ella no tiene culpa ninguna, que el enfermo soy yo, en un libro titulado Sobre narrativa galega contemporánea que me topé en la Web buscando las fuentes del Ganges. Y claro, estando yo enfermo, que creo que todo es Samuel y Manuel, Cid Cabido y Ferrín, Cunqueiro y Dieste, Valle e Inclán, Cela y Torrente, Pereiro y Lois, porque siempre voy de dos en dos, como cuando estoy contento, que digo: Frank Zappa; o enfadado, que digo: puta mierda… pues va la autora y en la misma página de su ensayo larga un mejunje en el que no van de dos en dos, las palabras, que van de siete en siete, o más… el mejunje, nos cuenta ella, reúne a los escritores que merecen la pena, caracterizados por su afán de ruptura… buena información, pensé, los escritores que sí. Y claro, pasa lo que pasa… que se confunden las cosas. Culpa mía.

Hubo señuelos en esa página, como témpanos: Manuel Seixas, con su impactante Viñeron do espacio interior… también Cid Cabido... Pero, lo sé ahora, tras leer algunos libros de la competencia, eran témpanos a la deriva rodeados de abondoso tedio, compartiendo correntada ártica con otros autores que no, no y no. Me fié de la lista, que estaba buscando las fuentes de Ganges… y así acabé, con fugas de moral por todos los poros del cuerpo, que alguno de estos libros es que mejor me callo.

Hasta que Facer pulgarcitos tres, de Alberto Avendaño, me gritó un Gran Sí al oído… Facer pulgarcitos tres no aparece en el ensayo que os comento. O eso creo, que sólo lo hojeé.

Debí haber tomado precauciones. En su Sobre narrativa galega contemporánea (2000) la autora cita a Xosé Cid Cabido, qué menos, pero recomienda de él: Días contados y Panificadora… ein? a ver, por favor, Días contados está bien, Panificadora tiene sus cosas, ofcoors… pero es que Herr Xosé Cid da para mucho más: ¿quiere decir, con ello, que estos dos son mejores que Foumán y O camiño de Middelharnis? Error, y no incluyo Blúmsdei porque es posterior al ensayo de Frau Vilavedra.

No sé por dónde seguir, quedo sen folgos... otro día, el próximo, continúo con Facer pulgarcitos tres, de Herr Avendaño. Hoy no pasé del título... qué joya de artefacto espiral. Rompente. CompincheX.

sábado, 29 de diciembre de 2018

Manuel Seixas/Viñeron do espacio interior


Del mismo año que A velocidade do frío. 1996. Bingo, pleno al quince… A velocidade do frío es mucho, ya lo he contado, tiene cosas de las que se meten dentro de uno, en el interior de uno, y luego no salen del interior de uno al exterior de uno. Quedan ahí, latexando, digo latiendo. Cosas, a veces, poco sanas. Que como no salen del interior de uno, puede pasar que uno acabe en el interior de un sanatorio.

Despegue vuelo y aterrizaje. Hasta ahí se entiende. Salgo por la pista a milporhora, luego estoy planeando en el aire y, cuando me peta, vuelvo a tierra… sencillo. Lo demás es asunto de Herr Seixas. Nada fácil lo suyo, vaya relatos venidos del espacio interior.

Por poner algunos ejemplos: A historia en arrotos da vella muller morcego, en la que aparece o parvo doente home notario. Por no hablar de Ferro, bágoa o de Wáter, o de Meteorito. Mejor al revés: de todos los relatos del libro sólo hay uno que no cuaja del todo… los demás, miñanai. Lo que cuenta el Gachó Seixas en este libre libro libre sobre la oscuridad y el frío y el calor y la locura y la familia y el sol y los trenes y la pareja… fuera de serie. Seixas Muller morcego.

Soy muy limitado. Cuando leo un libro así de así de así: como grabado en estudio pero que suena a directo memorable lleno de pura improvisación de la buena, flipo en mi mundo interior. Dentro de la limitación de que os hablo, cuando leo un libre libro libre como éste, me acuerdo de Foumán y O camiño de Middelharnis de Cid Cabido… y de Motorman de Ohle y de esa canción increíble de Dinosaur Jr. Siempre igual, también lo he contado… voy a acabar en el interior del sanatorio.

No sé cuál es el espacio interior del que vinieron, pero me gustaría conocerlo. Me lo imagino muy adentro, la última puerta al final del pasillo, donde a uno le entran las dudas.

Otras simplezas: Viñeron do espacio interior suena y se lee como si fuera el mejor libro que te puedas imaginar de los años ochenta, que no es poco… hay que dejarse llevar por los tópicos de esa década, todos positivos, que los otros me sobran ahora: tremenda música y demás alegrías, pues eso… pero es de 1996, el librajo… qué lío, meu… encima, lo lees hoy y parece un libro del año que viene, fresco, distinto, nunca escrito y todas esas tonterías con que sobamos y reducimos a nomenclatura y desecho los libros que nos meten en el fotomatón, nos dan una tunda y sacan nuestro retrato nunca visto. Bravo Seixas, 1996.

Viñeron do frío o A velocidade do espacio interior o A velocidade interior do espacio do frio o…también habrían funcionado, que lo de dentro anda solo: despegue vuelo aterrizaje, no necesita motor, planea… fluye, que se dice ahora hace quince años.

sábado, 15 de diciembre de 2018

Samuel Solleiro/Dz ou o libro do…


Pues el libro del ahí queda eso, el libro del/no/va/más, el libro del etc. Solleiro lo llama el libro del esperma.

Es lo único que no está empatenado, el título. Por viscoso, no por otra cosa. Más mérito aún, la gloria con un anti título, para distinguirse de los vendedores de humo, de los que escriben una mierda pinchada de un palo y le ponen un titulazo, para disimular, en principio, lo indisimulable. Estoy por poner nombres y apellidos… pero vuelvo a la senda, que el librajo de relatos de Samuel Dz Solleiro no es viscoso, es memorable.

Sucedió hace cinco mil años. En la Media Luna Fértil. Solleiro tenía 19 añitos y, una tarde, contó tres de estas historias increíbles

Tres veces tres lo he leído, el libro, y mil veces mil he pensado que es de lo mejor que ha caído en mis manos, que son dos… luego me tranquilizo… y empata, en vez de ganar por paliza. Pero empata en la cumbre de los que, además de gustarme a rabiar, me dejan feito polvo con la intriga y el gustazo, porque: cómo se puede escribir así de bien, meu. Es que es mucho. Qué cosa, carajo. Gachó Solleiro, cacho Dz

Quiero decir que hay quien me gusta hasta decir basta pero no apostaría por él porque le veo todas las costuras y las trampas y... quiero decir que hay fenómenos artistazos absolutos que no soporto… quiero decir que hay supuestos ¿genios? que son una estafa de lo más burda… quiero decir que Lleins Llois no hizo arte ensuputavida y que como amanuense, que es lo que siempre fue, era más bien torpe… quiero decir que me he metido tanto con Lleins en este blogue que ya no tiene gracia, si es que algún día la tuvo… quiero decir que me dejéis en paz y que vivan el remolino y el caos… y, también, el orden que les sigue.

Sí, sí, el orden y la certeza que vienen luego… ese resultado exacto, sin decimales, pérdidas ni fugas, que cuando se nos presenta parece que siempre ha estado ahí… la encalmada.

Porque cuando aparecen un solo de John Coltrane o el azul de tus ojos… pues qué os voy a contar… las cuentas dan… y te crees a pies juntillas el Génesis, el Popol Vuh o lo que haga falta… quiero decir que me estoy mordiendo la lengua para no volver con el asunto Lleins Llois… por contraste entre lo bueno y lo peorcito.

Quiero decir que con el libro de Herr Solleiro como compañero yo me lanzaría al remolino de antes, el que precede al orden y a la certeza, a batirme en esas aguas con el escritorzuelo Lleins…  Quiero decir que con Dz en los miolos no hacen falta salvoconductos, pasaportes ni certificados… qué relatos, meu, qué despliegue. Fóra de concurso, sección estelar. Así Solleiro, que diría Bernhard.

Aparte mi barata colección de estupideces, hoy más bochornosa que de costumbre, aún quiero decir otra cosa: que, encima, está lo de la edad del tipo… que lo de Herr Solleiro sacude, desacouga… a los hechos me remito. Os aclaro que los hechos son dos de sus libros, los primeros: Elexías a Deus a ao Diaño y Dz ou o libro do esperma… y la edad con que los escribió: escasa. Misterio

Sucedió hace cinco mil años. En la Media Luna Fértil. Solleiro tenía 19 añitos y, una tarde, contó tres de estas historias increíbles; a fuego lento, dijo el Chamán tras oírlo…y la primera noche levantaron tres pirámides, inmensas, una por cada uno de los relatos. La siguiente se la permitieron pasar con la más bella, cosa fina, para asegurarse nuevos milagros transcurridos nueve meses. Por último, la tercera: durante algunas horas lo adoraron, ya preso… y luego lo cocieron, vivo, lentamente, hasta que se pudieron embadurnar con ese unto poderoso e invencible. Después conquistaron el mundo… quiero decir que…
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