martes, 24 de mayo de 2016

Mörike/Mozart de camino a Praga… y ven a Proust

Hay andamiajes que se te caen nada más ponerles un ojo encima, o soplarles…

El Ulises de James Joyce, estoy cansado de decirlo, pero insisto, complejos de uno, es el mejor ejemplo, el paradigma de ello: un manojo de flores mustias ya al nacer, repintadas por un pedante y presentado, el chusco conjunto, como original artístico… de risa.

Un día con ganas de trabajar cogí por banda a ciento veinte lectores fans acérrimos del Ulises… a todos les hice la misma pregunta: qué tipo de humor os gusta… casi todos me contestaron: el humor inteligente.

Pocas cosas identifican mejor y a mayor distancia a un tonto que esa respuesta… en serio.

Seguía con ganas de chollo así que pillé por banda a ciento cincuenta tipos a los que no nos gusta el Ulises… y éramos igual de tontos. Los extremos se tocan y las excepciones se compensan… de ahí la simiesca simetría que se da, por ejemplo, entre el conjunto (poco edificante) de la clase dirigente y el conjunto (mucho menos edificante, por más numeroso) de los electores, todos babosa y ciegamente convencidos de que su tribu es blanca y limpia, y las restantes, sucias y pardas… cavernícola, siniestro.

Bueno, paso a Proust. A Marcel Proust… Porque te lees el librajo de Eduard Mörike, el que lleva por título Mozart de camino a Praga… y, acto seguido, te pones en contacto con Proust, me refiero a personalmente, mediante requerimiento notarial, que la cosa es seria… para que te devuelva la pasta o el precio de la entrada… a ver, Herr Proust, que no es lo mismo que cante Brian Johnson a que lo haga Axl Rose, que me devuelvas la entrada, carajo, ya mismo.

Para leerse este Mozart de camino a Praga no hace falta mentalizarse, como cuando vamos obligados a una fiesta con gente diez veces más pedo que nosotros… no, no es necesario.

Como los prejuicios los tengo de saldo final de temporada, me olvido del aire ñoño que podría aparecérseme a las primeras de cambio en Mozart de camino a Praga, todo muy minué… y, sorpresa, resulta que a Herr Mörike le salió una cosa que cuidado con ella y que, por momentos, se adelanta a su tiempo… y atropella, se lleva por delante, creaciones que se dicen originalísimas de cierto autor muy posterior, le estará llegando ya el requerimiento: a él y a su magdalena… creaciones que te topas perfectamente perfiladas y desarrolladas tiempo ha por otros escritores como Eduard…

Ya lo sé… es de lo más habitual, cierto… pero no lo esperaba. En busca del tiempo perdido es una cosa inmensa e impactante, vaya ida de olla memorable… y, muchas veces, torpe y pobremente reducida a la anécdota de la magdalena… pues lo de la muffin, digo magdalena… leeros a Mörike y me diréis… que va a ser que no es sólo del Gachó Marcel la idea o recurso… thrombocid para la pupa.

Acabo de recibir la contestación del Monsieur Proust al requerimiento… me reta a un duelo. Quirillo, yo paso… le mando a Eduard Mörike y que sea lo que…

jueves, 19 de mayo de 2016

Cuentos únicos... tras el Barón Corvo.

Lo de cuentos está claro… lo de únicos, a veces, también. Pero hay más, moitomáis… empezando por el pepinazo de Lequeu que va en la cubierta, no sé si arquitecto, revolucionario o qué.

Nos cuentan en la introducción que los relatos de esta selección llevan ese apellido de tanta índole que te echa para atrás porque se trata de rarezas… bien por su calidad, superior, dentro de la obra del autor, bien por su categoría… a ver, por tratarse, alguno de ellos, del único relato del escritor o no escritor de turno… Un lío, un empezar dando la murga, un cuerpo a tierra… un pelotón de fusilamiento literario. Los cuentos vienen siendo, sobre todo, del periodo de entreguerras, 1ª y 2ª manualidades. Fantásticos y de terror.

Estas portadas me machacan, como un estribillo pegadizo… se me meten dentro y no me dan descanso. Lo mismo que me pasaba, ¿o aún me pasa? con la teta contumaz que me apuntaba al entrecejo en una edición a todo color de Chambre Close de Bettina Rheims que vi un día sin querer… en un escarapote, digo escaparate. Cosas que pasan… Hace unos días se me pegó una canción que pillé en la radio, decían que el deseo salta muros al revés… pegadizo.

Lo mejor, aparte de varios de los relatos, es lo que nos cuentan de sus autores en una especie de reseña biográfica que va antes de cada uno de los Cuentos únicos, preparada, la reseña, sin piedad y para hipnotizar…. Como que han dado permiso a ¿quién? para que nos envenene la mollera con algún que otro balonazo tóxico y encantador referido a las idas y venidas de los autores, sus quiebros, sus trompadas; un esbozo que abre las ganas de empacharse de ellos… y  moito máis.

Entre unos y otros sale alguna vaca sagrada e intocable… y muchos autores que no suenan ni con las válvulas al rojo y el volumen en el piso de arriba… el librajo es una gozada, de verdad. Me pareció corto, de lo divertido y bueno.

Pero ojo, que si juntas las notas biográficas te quedas con un libro para enmarcar y aún mejor que el conjunto tal como viene, aunque demasiado breve… la cosa recuerda a lo que pasa con la descripción del río con la que se abre y cierra El Jarama, descripción por la que, en repetidas ocasiones, dieron la enhorabuena a Ferlosio por considerarla lo mejor del libro… aclarando él, después y visto el alcance del malentendido, que no era suya, que esas palabras las había tomado de una “Descripción Física y Geográfica de…” y que sí, a él también le parecían lo mejor de su El Jarama.

Pues eso, de quién carajo son las notas biográficas que acompañan y preceden a cada uno de los Cuentos únicos… Herr Marías firma la introducción del libro, en la que, de perfil, nos indica que “el lector encontrará notas biográficas sobre cada autor antes de cada cuento, así como detalles relativos a la procedencia y fecha de publicación original (y casi siempre única).”, precisa, poco después, que algunas de las traducciones son suyas, y acaba puntualizando: “la selección es de mi entera responsabilidad y, como toda selección que se precie, absolutamente arbitraria.” Antes, el dato del copyright aclara “De la selección y prólogo: Javier Marías 1989”… de ahí que se intuya la orfandad de las notas biográficas, que no son ni selección ni prólogo y lo mejor del libro.

Entre las muchas sorpresas que aparecen a lo largo de esta recopilación, no es la menor la referida al Reino de Redonda leeros la nota biográfica de John Gawsworth, que os remite a M.P. Shiel, quien nombra e instituye heredero del Reino de Redonda al propio Gawsworth, quien edita y publica en vida varios de estos relatos únicos entre los que se encuentra, también, uno suyo… y luego seguís la pista de la familia real del Reino de Redonda y ya me diréis qué mejunje o bochinche… y acabáis llegando hasta el propio Marías.

Salto a Frederick William Rolfe, el Barón Corvo, que se cruza y entrecruza, aparece y desaparece en las notas biográficas de varios de los seleccionados únicos… eclipse y cerrojazo. Serán las exterioridades del interior. Ni idea… del Barón Corvo tengo a punto su Adriano Séptimo, de la misma colección que estos Cuentos únicos. Pistas y más pistas con las que me dedico a tapiar cualquier solución, como debe ser. Cuando ni sabía quién era el tipo Rolfe, me regalaron En busca del barón Corvo, tremendo librajo de A.J.A. Symons que me dejó pendurando hasta la medular, de los que muerden y no sueltan. Ahora voy a reposar los sinsentidos.

martes, 10 de mayo de 2016

Carta gnómica a Urbano Lugrís/ Viaje al corazón del océano

Lo de vísperas de mucho puede ser para escapar por piernas, por lo que tiene de mustio, digo el refrán, no el día… ando a vueltas con la Carta gnómica a Urbano Lugris… y pienso que habría sido mejor no leerla; y seguirle con las vueltas… no sé, entre Lugrís, personaje y cuadros que te remueven el norte, y eso de plantarle el “gnómica” a una carta… pues qué os voy a contar…

Te coges el libro de Antón Patiño sobre Lugrís: Urbano Lugrís, viaje al corazón del océano, y te llevas una de esas alegrías que… de lo bonito, de lo bien que está… pasas páginas, sobrevuelas láminas y mapas y te cruzas con Bachelard, con El agua y los sueños, con esos cuadros de Urbano y con ese mundo apretujado y rebosante... una pasada. También te encuentras con la llamada Carta gnómica a Urbano Lugris, escrita por Antón Avilés de Taramancos en el año 1959 y que Patiño nombra varias veces a lo largo de su libro… y con la curiosidad que se te pega a las tripas y a los miolos.

Después de la víspera llega la ocasión… me la acabo de topar, en Obra viva, de Avilés de Taramancos… libro recopilación de varias prosas y prisas de Herr Antón. Lo de Obra viva está bien, que para eso estudió náutica… Abres y es lo primerito que aparece, recién empezaba Avilés a soltarse en 1959. La Carta gnómica te deja… que cada cual... no sé, yo me quedo con el título, que tiene un algo por sí solo.

Y vuelvo a Antón Patiño y a su impagable libro sobre Lugrís… resulta que se olvidó de incluir entre las láminas a todo color que lo acompañan el último cuadro, como mínimo pensado, no sé si pintado, de UrbanoL: la portada de Over-nite sensation, LP setentero de Frank Zappa, gemelo siamés de Apostrophe… dos discos memorables que, por momentos y con el volumen al diez, son la mejor descripción que existe de la electricidad y su intensidad.

Varias obras de Lugrís también son de las mejores descripciones que hay de… aquí corto ritmo y comentario, que habrá quien diga A y quien diga B y quien diga que no sabes de lo que hablas, meu… lo que sí resulta indiscutible es que la portada de Over-nite sensation es la versión electrizada y en inglés del cuadro de Lugrís Habitación del viejo marinero… habría que saber este último de qué es, a su vez, versión; de algún meticuloso gabinete de curiosidades o Wunderkammer o Síndrome de Diógenes…


domingo, 24 de abril de 2016

Baltrusaitis/El espejo

Con Jurgis Baltrusaitis, nombre y grafías inasumibles para un ser normal, ya me quedé a velas vir tras agenciarme el impresionante En busca de Isis, repaso memorable de su búsqueda egipcia por oriente y occidente, de sus pesquisas siguiendo el rastro y el reguero de Isis, Osiris… a ver, que el tipo Jurgis iba a la caza de los dioses del Nilo a lo largo de los siglos, los libros, los caminos y los frontispicios de medio mundo… y los encontró, no dudéis, qué bonitas imágenes… no sigo, que esto ya lo he contado en otra entrada y de otra manera.

Lo nuevo, la siguiente ida de olla, o desparrame, o cacería… tiene que ver con los espejos… miña nai, lo que llega a pergeñar Herr Baltrusaitis. Vivan él y sus obsesiones… y sigue buscando, Jurgis.

De todas las cosas para las que ha servido el espejo en los últimos tres mil años, la de menos, y con mucha diferencia, es para mirarse en él… de verdad, estamos atontados en lo nuestro, asfixiados en las profundidades de nuestro ombligo, eso sí, todo muy científicamente hablando…


El otro día le dije Espejo a un CompincheM… luego le resumí el librajo con tres palabros, en plan justiciero dogmático: espejismo, especulación y… no me acuerdo de la tercera palabra, qué pena. Acto seguido me acordé de Narciso mirándose en un estanque, era inevitable…

Herr Jurgis, intuyo que de tantas lecciones que le dieron cuando era estudiante, tiene métodos de académico, orden y rigor… pero miras, intenciones, intereses y obsesiones de renglón torcido, de cadena áurea, de metáfora más que de sumas o restas en el bloc de notas. Trompos y derrapadas… El resultado es para no dejarlo pasar, sistema y estructura aplicados a lo huidizo…

El repaso por los inventos, aberraciones y depravaciones que tienen al espejo como protagonista me llevó a romper todos los que había en casa, también los que me fui encontrando por la calle mientras deambulaba... muerto de miedo. Como actuación o performance es una porquería, lo sé; pero como desahogo me funcionó.

domingo, 17 de abril de 2016

Mishima en El Ojo sin Párpado...

Hay una cuestión de tantas que, según con quién hables… da para romperse la cara a garrotazos torpeza propia de gente participativa.

Por otro lado, a qué se debe que Yukio Mishima aparezca en la colección El Ojo sin Párpado… ¿al Trust o a qué?

No me quiero dar por engañado, pero… dicen que si tenemos un poco de algo y luego juntamos mucho del mismo algo… ese algo acaba convirtiéndose en otra cosa. Se dice que si concentras mucha energía en una piedra, pero mucha mucha, puede surgir la… en su día concentré toda la energía que pude en una habitación; fue algo increíble, ya lo conté, a medio camino de Corcubión.

No sé si lo de los cambios de cantidad/calidad es un truco, una regla o su excepción, una mentira o qué… el individuo es uno, la masa también es una, creo… pero la multitud son... dicen que varios.

Cuando leí el primer libro de la colección El Ojo sin Párpado no pude intuir que algo se escondía en ella… Cuando me puse con el segundo, sin seguir orden alguno, tampoco… ahora no tengo duda, y no llevo ni la mitad. Cuidado… llega con repasar las cubiertas para saber dónde, cuándo y cómo acontece el cambio de algo a otra cosa.

Para mí que lo que sucede con este artilugio en forma de Colección de librajos la mar de bonitos es una Espiral de esas que te llevan de lo patente a lo latente… o, si queréis, de lo literal a lo… no sé cómo explicarlo; quien tenía que entender supongo que ya entendió.

La perla y otros cuentos es una gozada… la edición original de El Ojo sin Párpado del trallazo de Herr Mishima llega con verla para quererla… Luego está el porqué que justifica ver juntos a Mishima y a Nodier, Machen, Barón Corvo, Crowley, Le Fanu, lo gótico, lo germánico, lo anglosajón, el terror, lo fantástico y turbulento en plan XIX y alrededores… qué mejunje. Todos con unas cubiertas, o portadas, o envoltorios, que nunca me aclaro, que para qué resistirse al hachazo del impulso de posesión.

Un día de suerte máxima me topé con la colección casi entera… me pellizqué, me rasqué la cabeza, las meninges y el bolsillo por si era una visión o una pesadilla consumista. Ahora, con cierto miedo, voy leyéndolos, por parroquias, en pequeñas dosis, no más de dos seguidos… no me vaya a colar por el caño de la espiral y me quede medio tarumba. Lo de la pesadilla consumista es terrible… estos libros son muy bonitos, pero… Cualquier día los cuelgo todos, hoy no.



domingo, 10 de abril de 2016

Nante/El Libro Rojo de Jung

Quede claro que entré en el Rojo suponiendo que podría salir… De Carl Gustav no sabía nada salvo resúmenes, citas y cierto runrún que a nadie escapa… de esto que uno cree que sabe pero no sabe nada, salvo el estereotipo, a ver, que tocas de oídas y mal… en conjunto: desafinado.

El Libro Rojo es tan sumamente extraño, bonito y todo lo que queráis que no me apetecía mancharlo con mis ortopedias mentales, mi mal gusto y chabacanería… me enteré, después, de la existencia de una explicación, estoy hablando del Libro Rojo, y me decidí… que manchar la explicación me preocupaba menos

Para empezar por el principio… habría que dejar claro que si el Libro Rojo es una obra hermética y/o inexplicable, y esto es lo que plantea desde el primer momento Bernardo Nante en su amplio manual sobre el Libro Rojo de Jung, el intento de Herr Nante de mostrarnos “las claves para comprender una obra inexplicable”, en referencia al monumental Libro de Carl G. Jung, podría parecer un ejercicio abocado al fracaso… luego vienen las distinciones entre explicar, entender y comprender. Fruto de ellas, seguiría sin tener sentido explicar aquello que se comprende sin más… no sé, estoy verde…

Un resumen en rojo: según Nante, el Libro Rojo de Carl G. Jung es inexplicable… pero Bernardo Nante nos lo va a explicar… Y no es que nos vaya a explicar por qué es inexplicable, propósito asequible… sino que, ojo, nos va a explicar lo inexplicable, choque frontal, cosa bien distinta y, tal vez, ¿imposible?... Me cae bien.

Un resumen en azul: os adelanto que, tras leer el interesante y extenso libro de Bernardo Nante sobre el Libro Rojo de Jung, las supuestas claves para comprenderlo me parecieron incomprensibles… Por otro lado, intuyo que es más fácil comprender el Libro Rojo de Jung que el libro sobre el Libro Rojo de Jung...

Lo mismo que es más fácil comprender, de hecho está tirado, un buen solo de John Coltrane, que comprender las explicaciones, teorías y argumentaciones sobre la música de Coltrane, asunto abstruso hasta el esguince, pasto de gente, no todos, cuidado, incapaz de disfrutar de su música y que se tiene que conformar con estudiarla…

Un rato a solas con John Coltrane puede llevar al Libro Rojo… Lo mismo que hay gente a la que el azul lleva a entrar en el negro y luego aparecen escalando montañas.

Vuelo a Nante y a su Libro sobre de Jung… y a las diferencias que le plantea eso de entender, comprender y explicar...

lunes, 21 de marzo de 2016

Mircea Cartarescu/El Levante

Camino con los ojos cerrados, esquivo batallones de vejigas voladoras, estatuas con puertas en los pies y pienso en nada…

Cartarescu escribe en el filo de la navaja, todo equilibrio; de un lado la gloria, del otro el genio… y en su mano, una corriente de aire en espiral... Si me piden que pronuncie dos palabras digo: El Levante, si me piden una: Levantul; y punto.

Cuando te lees algo del calibre de El Levante, de tanto asombro, ante semejante despliegue de sorpresas, luz y belleza, te entran de golpe todas las dudas del mundo… no te lo puedes creer. Este tipo, de nombre Mircea, me la está metiendo doblada… a ver, que no puede ser, dónde está el puñetero truco, la magia, la alquimia que justifique y sostenga tan inspirada Arcadia… estaré pedo o estaré alienado… que tanta suerte junta en forma de libro inmenso y deslumbrante no es normal; y luego se paga… al contado.

Al acabar de leer El Levante, latigazo aéreo que aún me duele, me encerré en el bunker que construí hace años para cuando llegara el día de mayor suerte de mi vida, al margen de conocerla a ella, y me tuviera que esconder, luego, para protegerme de lo que vendría después, que lo mucho se compensa con lo poco, lo bonito con lo feo, el granito con el éter y Cartarescu con McEwan… eso sí, prefiero mil años de castigo o encierro que volver a leerme Expiación, del tipo Ian McE.

Aunque visto de otro modo… leer Expiación me parece poca penitencia a cambio de disfrutar, como recompensa, de El Levante. Os aclaro que este librajo único e impar de Herr Cartarescu es de esas maravillas que, de no existir, habría que… 31 años tenía el fenómeno…

Cuando, pasados el encierro y la cuarentena, salga del sótano, cuando encienda de nuevo la luz, cuando vuelva a leer esos párrafos memorables, voy a coger a Mircea Cartarescu, lo voy a bajar del filo de la navaja, me voy a subir a sus alas y le voy a decir que, caminando con los ojos cerrados, sólo veo las páginas de su libro Levantul Chorradas, me diréis…

Puestos a medir el acontecimiento, a trazarlo en los mapas, El Levante sería el libro de los once mil imposibles… Qué pensaría McEwan de un libro como éste… antes de leerlo diría que no puede existir, después de hacerlo, de leerlo digo, que de escribirlo o imaginarlo sería incapaz, diría lo mismo…

Mucho artilugio El Levante para dejarlo pasar. Lleno de esos caminos que salen de la Calle Garay y te arrastran en medio de la congoja y del no creértelo... hasta que tropiezas contigo mismo porque vienes escapando del despliegue que organiza Mircea que te come por dentro y sales buscando... estaré pedo o estaré alienado.

viernes, 18 de marzo de 2016

Hohl/Camino nocturno... a lo impensable


Hay un tipo famoso en el mundo interior que va desde… me estoy perdiendo, quiero decir que en la Selva Negra tenía su cabaña un maestro que se hizo famoso, entre otras cosas, por pensar lo impensable.

A algunos da miedo y a otros envidia. Hablo del tipo…

Existe un terreno donde pensar lo impensable, cosa que no tengo muy claro qué quiere decir, se mezcla con describir lo indescriptible… asunto que tampoco sabría definir, pero que ahí está, en varios libros que se mojan de verdad en el charco de esa espesura tan transparente.

Uno de ellos es el Camino nocturno de Ludwig Hohl… qué festín. Hay gente que disfruta y se maneja como pez en el agua de lo determinado, de lo seguro, de las sumas, restas, integrales y estadísticas… luego tropiezan con un cartel algo borroso en el que no se lee con claridad y están perdidos, no saben ni cómo ni por dónde seguir deambulando…

Me contaron hace nada, a la vez que me acusaban de haberme perdido ante una señal oxidada e ilegible, que todos lo que se pierden ante un cartel borroso odian el libro de Ludwig Hohl carajo con la confusión, que a mí el libro de Herr Hohl no es que me haya gustado, que por supuesto que me gustó, es que algunos de sus relatos me parecieron Lo Máximo… como una recta ancha y reluciente que os uniera a ti y a él, o a vosotros con la luna.

El libro archiconocido que contiene el relato igual de conocido del escritor bonaerense más conocido de todos, lo lleva a uno de la mano, para que no se pierda, hasta el punto en el que todo se junta, densidad límite, milagro de la física y de la esencia, punto que se sitúa en el sótano de una casa de la Calle Garay… o cómo se llame la calle. Bien. Hasta ahí llegamos… pero, ¿por dónde seguir? Porque es cierto que el Bonaerense nos lleva hasta la puerta del límite… pero ahí se queda, no cruza, no salta… o, por lo menos, no nos cuenta si lo hace, que seguro que sí… o no.

Uno de los caminos que parte del punto de densidad infinita de la Calle Garay con dirección hacia lo desconocido lo descubre el fenómeno Max Frisch en su memorable El hombre aparece en el Holoceno qué libro, meu. Frisch sitúa la cuestión/descubrimiento en el paseo del Sr. Geiser por los Alpes suizos. Algo deben tener esas montañas… porque Herr Hohl, que también se atreve con esa quimérica descripción de lo indescriptible, sitúa su descubrimiento en un confuso paseo ¿nocturno? a lo largo de un pueblo suizo perdido en medio de los Alpes.

De la descripción de lo indescriptible a pensar lo impensable hay un paso, el que va de los Alpes a una cabaña en la Selva Negra, en el mapa, puerta con puerta. Pero desde el umbral del límite, a ver, desde el punto de densidad infinita de la Calle Garay no se ven esas cumbres… Hay más libros que se atreven con lo que el Bonaerense no nos cuenta o no conoció o le asustó o… tengo otro de esos libros en las manos: El Levante… miña nai.

miércoles, 10 de febrero de 2016

Steiner/Gramáticas de la creación

Leerse el tomazo de Steiner tiene consecuencias… todas graves… es como una terapia de choque contra uno mismo, con resultados muy claros, la propia insignificancia… la de cualquiera al que se le dé por leer las asombrosas y, a veces, enigmáticas Gramáticas de la… palabras maiores. Como las geometrías del amor.

Como creerse muy bonito y luego verse en el espejo y susto, espanto… que somos unos auténticos adefesios… uno se pasa de vanidoso, hablo de mí, repasando los libros que se lee y se cree muy esto y muy lo otro, a ver, muy estupendo… y en el colmo de lo estupendo te pones, por fin, con George Steiner, que no será para tanto… pum, batacazo… qué escándalo el tipo Steiner; piedra, papel, tijera… plas, hormigón armado en guante de seda. Los cinco dedos rotos y dolor hasta en el tímpano, que también me sangraba… Sálvese quien pueda… o quien quiera. Puestos a que te pasen por encima, que sea así, a lo bestia…

Os lo advierto… probad a pensar en lo más recóndito, o en lo sustancial, en la luz original o en la puñetera oscuridad… lo que os dé la gana: resulta que el Gachó Steiner ya estuvo, lo mismo en el origen que en el final… y lo vio todo… y, después, se le dio por fantasear e imaginar en forma de manual de uso.

Tremendo… decid que sí a todo… a las pocas páginas, nada más empezar, me tuve que meter una sobredosis de tranquilidad… para mantener la calma como buenamente pude, para no quemarme la cabeza, para que no se me saltaran los ojos... Qué despliegue de Steiner, qué bárbaro… El tipo Steiner no escribe, alumbra, fisión nuclear… irradia, tiembla la tierra, lo notáis, no?… faros halógenos, Cabo Vilán en medio de la tempestad. A los dos pasos estás en otro mundo… donde flotan los monolitos; y ya no vuelves a este otro.

No os cuento nada más, no me atrevo… para qué darle más vueltas. Pasos de gigante… Libro monumental e impactante, una joya: Las cinco formas de la soledad me tienen que no duermo desde que leí esas páginas… lo mismo que la relación y porfía entre el invento, la creación y el descubrimiento… Steiner, lo mismo que si lo llamas piedra preciosa, o veta de oro. Moito. Como el sentimiento y sus geometrías... como la imaginación de la materia, que estudió Bachelard.  Uno igual a infinito...


lunes, 11 de enero de 2016

Lectura al vacío: Askildsen/Los perros de Tesalónica

No lo entiendo, y me quedo en fuera de juego… En Los perros de Tesalónica no hay nada… Hay cosas vacías en las que hay de todo. También hay cosas llenas en las que hay de todo... lo mismo que las hay vacías en las que no hay NADA; ni rastro. Las cosas llenas de nada se dejan para otro día…

Por no decir que hay auténticos artistazos en esto del menos es más… aunque también los hay que no valen para eso. Apagad las luces y que no entre oxígeno.

Creo que lo único que hay en Los perros de Tesalónica es lo que dicen del libro. Lo que dicen otros, claro está, que el libro no dice nada, ni se lo calla, na de na, partitura en blanco, muerte cerebral… hoy me apunto a decir.

El experimento sería leerse el libro de Askildsen entiéndase por esto leerse un hueco, un estornudo, un ventilador apagado o un plato de caldo… o no leerlo, que viene a ser lo mismo tratándose de Los perros de Tesalónica… pero, en caso de hacerlo, leer dicho hueco en el sentido en que se ¿puede? bailar la arquitectura… y, una vez situados en el desierto (os aclaro que el desierto es leerse el libro, que no os enteráis!), pasarnos un rato repasando las diversas interpretaciones del hueco/libro de Askildsen, comentarios que abundan en internet... vaya experiencia…

Me parece que el libro de Askildsen es una versión más del experimento ese de darle a probar a un experto en vinos (personaje fanfarrón hasta el anegamiento) una copa de vino de mesa, espeso y peleón a más no poder, pero servido de una botella de Chateau Laconchamismuelas año 1947 reserva de la familia por supuesto carísimo y francés… y ver cómo, el brillante especialista en el maridaje del esnobismo y la literatura, nos canta las excelencias de ese vino de tres céntimos servido de una botella de quince mil eurazos… cómico.

Hay un paso más en el experimento, se lo debemos a Askildsen… os lo explico ya mismo: que la botella, digo libro, esté vacía; a ver, que no haya vino dentro de ella, sólo aire… con el mismo resultado, un milagro de la sosería, por parte de los exégetas: cantarnos la milonga de qué vino tan excelente, mon dieu, qué aroma, qué buqué, es que no entendéis, todo se pega menos el buen gusto y demás Monsergas Kitsch de estos bebedores de medio pelo…

Después del ejercicio chapucero, un descanso… Y se empieza a entender más y mejor que haya gente tan pasada de rosca... que, pensando en libros, opine que Cristian Crusat es el mejor escritor que hay por estos lares… otro ejemplo de esta interesantísima carrera que consiste en ver quién vacía más la botella... Me refiero a vaciarla de firmamento y llenarla de metralla barateira y fashion y clichés y partituras en blanco… en blanco, sí, en blanco, pon la mente en blanco, que le decían a… para dar luego a probar el contenido de esa botella vacía como si fuera vino del mejor. Moito… el que hace el experimento tiene un pase, o no lo tiene, según de qué se trate… pero el que se bebe un trago de aire y dice, todo campanudo, qué vino más bueno… a ver, ése es tooonto de remate…

Acabo de registrar el experimento, con su copyright y todo… se llama: Sobre el vicio del vacío... no, muy malo. ¿Lectura al vacío?... tampoco. Lectura, vicio y vacío riman con te odio. Y con muchas cosas más.

domingo, 3 de enero de 2016

Eduardo Haro Ibars/Empalador...


No sé qué tienen algunos librajos, y éste es uno de ellos, que llega con saber que existen para estar de fiesta continua… como el K2, los solos eléctricos de no más de veinte segundos o el... lo de menos es pasarse a visitarlos; que estén, con eso llega. Especie en vías de…

Si tienes la suerte de que caiga en tus manos, hablo del libro, tampoco es necesario leerlo para estar convencido de que si lo haces, a lo mejor te remata de matarte.

A Empalador le precede el relámpago de su autor, aviso ya que os va a triturar el limón… y los dibujos de Ceesepe, Aguts y El Lirio. Y la editorial que los paseó a todos por las librerías al filo del clamor: La Banda de Moebius… y los calambrazos que la realidad pegaba durante esos años movidos en según qué páginas y no digamos a pie de acera o carretera.

Lo mejor que puede pasar con uno de estos artefactos perfectos, me refiero a Empalador viva Eduardo Haro Ibars, es abrirlo, no entender nada y quedar deslumbrado con su música, damnificado volunatrio, digo voluntario… qué maravilla, fogonazo en trío, batería, bajo y piano, un día os pongo la lista.

Herr Eduardo, Haro e Ibars, tres en uno milagreiro, o milagroso, como prefiráis, artilugio poco habitual que, cuando se te presenta, ves la luz dentro de él; en serio… como un monolito en el espacio, qué tipo. Si fuera director le hacía una peli inolvidable, mezcla de otras varias, con un pasillo inmenso, con una trinchera en blanco y negro, con un Desierto Rojo y con una montaña que se llama la torre del demonio.

Hay quien escribió la biografía, Los pasos del caído de J. Benitez Fernández, lo mismo hizo con Leopoldo María Panero… la de este último, El contorno del abismo. Vida y leyenda de Leopoldo María Panero, es una gozada, ya os lo he contado. La de Eduardo Haro Ibars no lo sé, que no se encuentra así como así…

Vuelvo al libro. Si os dicen que no, decid que sí… si os dicen que sí, pedid dos, luego un bis y, al final, aplaudid hasta reventar… en Empalador corean vampiros a galope de colores, de versos y arrebatos… una joya y no sé cuántas cosas más… todas bonitas e inflamables.
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