miércoles, 26 de enero de 2011

Elizondo/Farabeuf



Ya van tres veces que me encuentro con la aberración máxima. Terrible. Eso se avisa antes, que deja a uno quemado. A mí nadie me avisó, carajo. Y yo voy ahora y también me aberraciono, rencoroso, y os cuento lo de la aberración máxima para que vosotros, si queréis, qué suerte, os avisan antes, os quedéis hechos polvo a gusto, pero con conocimiento previo de la existencia del peligro.

La primera patada a media altura, días sin ordenar el sueño, me la dio George Bataille. Ya os he hablado de él. Sí, sí, muy sacrosanto en Francia, mucho erotismo y erudición, pero qué morro el tío: Las lágrimas de Eros, interesante señuelo. Bonita edición, plena de imaginería e iconografía, docto recorrido por la historia de las peripecias lúbricas humanas, y por la manera de representarlas mediante las artes plásticas. Las teorías de Georges, qué geta, poco serias, poco estrafalarias, poco distintas, poco de todo, salvo coñazo, que de eso mucho. Y debió pensar el sujeto, ay sí, os aburrís, os vais a enterar. En la tercera parte del libro, presentada como A modo de conclusión, nos acosa de manera infame con la animalada mayor, disimulada entre otras animaladas menores. Dividida esta parte, a su vez, en otros tres capítulos o epígrafes, es en el tercero de ellos donde, sin avisar, no hay derecho, aparecen las fotos que a principios del S. XX alguien tomó in situ, durante la realización de la aberración máxima. Horroroso, inimaginable. Pasé la página tan tranquilo y fue inevitable ver la primera imagen del reportaje fotográfico que, aquel lejano día, alguien tuvo el estómago de hacer. Sólo vi esa primera, pero fue suficiente para espantar.

Me quedé con la idea de que todos muy listos, sin duda, pero que, en Francia, en pequeños círculos de artistas, endiosados o muertos de hambre, todos intocables y afamados, circulaba el horrible/aberrante reportaje como quien reparte un afrodisíaco de ultima generación, condición que, en más de uno de los miembros de la pandilla, desempeñaban tales clichés, vaya enfermo el gachó…

Después más. Uno lee tan tranquilo Rayuela y, en medio del capítulo 14, se encuentra con lo mismo. Ahora nada de evidencias visuales ni de escabrosas descripciones, sólo alusión velada al asunto, a la existencia de esas fotos. No conociéndolas, ni te enterás, conociéndolas, pelotudo, atorrante, andate a joder a otro. Vuelta el recuerdo aberrado. Y otra vez el sueño desordenado.

Con ganas hace tiempo de leer algo de Salvador Elizondo, mexicano atroz, cayó en mis inocentes manos Farabeuf, o la crónica de un instante. Guau. El libro está muy bien, moito, moito. Tremendo de verdad. Está tan bien que fui capaz de digerir que el fabulado protagonista, Doctor Farabeuf, autor de un importante manual quirúrgico, fuese, no hay dos sin tres, el hombre sin estómago capaz de fotografiar la aberración máxima mientras ésta transcurría o era llevada a cabo en corrillo público. En la edición que tengo, para rematarla, morbosidad fecunda, nos asustan con una de las terribles fotografías, aunque lo suficientemente mal editada, borrosa y oscura, para no enterarse ni de la mitad. Aún así acojona. Publicarla, ¿fue cosa del editor o de Salvador? Seguro que del primero... En los años 50 y 60 se debió mover nuestro Elizondo, también él buscando o compartiendo el artilugio aberrante, o escapando del mismo, por los estrellados círculos cerrados parisinos. Ya os he dicho que algunos de los participantes en el asunto de marras, llamémoslo: pásame de una vez las fotitos chungas, recurrían a ellas como ungüento libido potenciador de sus apetencias más inconfesables. El tipo de patología que se tiene que gastar alguien para, en vez de desmayarse, ponerse a tono viendo la aberración máxima, me tiene incrustada la nariz en el tomazo de Taras, filias y fobias: todos a la cárcel editado por no sé qué reprimido, busca que te busca entre el maremagnum de información que atesora. Y es que hay que estar muy mal para ponerse con según qué aberraciones máximas. Si, a pesar de estar avisados, se os da por buscar la aberración máxima, daros un descanso, pensad en otra cosa y pasad de truculencias.

2 comentarios:

Penélope Alonso dijo...

Pues ya me han entrado ganas (curiosidad morbosa) de ver esas fotos...

venturitiña dijo...

Las fotos son terribles, no te las recomiendo. Están mejor algunos de los libros...

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