miércoles, 24 de marzo de 2010

El árbol del ahorcado... y la soga... y...


Título fílmico – literario. Estamos tras lo pasos de Jaime Quintanilla y su deslumbrante “El complejo mundo del suicidio”. Su amor por la glosa y su rigor de austero científico lo llevan a descolgarse con un tratado en el que de paja no hay ni una sola coma. Datos, inventarios, definiciones y demás sobriedades lo pueblan y abarrotan. La literatura y la ficción para los literatos. Lo de Quintanilla obedece a otros desasosiegos. El resultado también es espectacular. Es coger el libro y no ser capaz de parar.

Pongamos un ejemplo. Ahorcamientos: 347 casos; 128 se llevaron a cabo en el hogar y 219 fuera del mismo

De los que se ahorcaron en el hogar, tenemos las siguientes localizaciones: sótano, 35; desván, 28; cuadra, 15; alpendre, 15; dormitorio, 14; baño, 9; retrete, 6; pasillo, 4; escaleras, 2.

Fuera del hogar destaca la utilización de árboles: pino, 39; manzano, 31; eucalipto, 30; limonero, 17; higuera, 16; naranjo, 15; abedul, 12; cerezo, 12; nogal, 7; castaño, 6; melocotonero, 4; peral, 4; ciruelo, 2; guindo, 2; níspero, 2.

Distinguiendo entre ahorcamiento completo (aquel en el que la persona no toca con los pies en el suelo) y ahorcamiento incompleto (cuando los pies tocan en el suelo y el ejecutante/ejecutado tiene que hacer fuerza hacia abajo para conseguir que mediante el estrangulamiento de la carótida el oxígeno no llegue al cerebro) la ratio completo/incompleto que resulta en los protocolos de Quintanilla es de 29/51, por lo que “muere mucha más gente con los pies en el suelo”.

Aparte de los que utilizaron el árbol para el ahorcamiento, en los protocolos de Quintanilla aparecen 10 ahorcamientos en postes, de los cuales, 9 lo eran de teléfono y 1 de conducción eléctrica.

En cuanto al material utilizado por el suicida tenemos los siguientes: cuerdas de esparto o similar, 150; cuerda de nylon, 110; tiras de sábanas, 21; tiras de mantas, 19; toallas, 17; cable eléctrico, 13; cinturones, 7; corbatas, 6; pañoletas, 4.

El mismo rigor y menudencia para las profesiones del suicida, y su última ingesta, y las enfermedades que padecía… para la hora, si el día era lunes, martes, etc., y el mes, y el clima… para el sexo y edad de suicida, el estado civil… para las cartas que dejan algunos suicidas, a quién van dirigidas, cuáles son las palabras que más se utilizan, los encargos que dejan para después de la muerte… inagotable Quintanilla, rigor y metodo.

domingo, 21 de marzo de 2010

O Castro de Samoedo

Extraña coincidencia. Hace pocos días os anunciaba, mientras le daba vueltas al “Decantador de Fugas”, que los hijos de Eolo, Céfiro y demás camada tendrían cabida en una entrega del diarioprueba. Tema esquivo éste, mal recibido en casa ajena y en la propia; y aclaro, no tanto los vientos, como sus sorprendentes efectos sobre la psique. Ululante asunto. Cogedme que me ahorco…

Más de una vez, fascinado por los vientos, hálitos y brisas de nuestra costa, me he pasado horas enteras, aplatanado e inmóvil frente al mar, mientras el inefable viento del nordeste “Nordés”, que por estos pagos acompaña a los días despejados, arrasaba con todo lo circundante, incluido cualquier hipotético acompañante que, con la toalla y el cuerpo totalmente salpicados por las impertinentes y descontroladas arenas que la presencia de nuestro aireado amigo levanta, decidía entre bufidos largarse de una vez. Esos días de verano son de los que más me gustan. Ese arrasar del viento sobre nosotros y los demás. Días que en ciertas playas de nuestra bisbarra no tienen parangón. Hace ya algunos años, charlando con un buen amigo, que aparte de eso es médico, me dejaba estupefacto con una serie de datos sobre nuestro gaseoso protagonista y sus constatados efectos sobre el comportamiento humano. Y no penséis en diez meses sin poder salir de casa sometidos a vientos de fuerza ocho, densas nubes y chaparrones continuos, que así a ver quién no se vuelve majara. Estamos a falar de algo mucho más sibilino, que a cualquiera podrá parecer inocuo, irrelevante, tal que el cantar de los pájaros. Y sin embargo…

Pues buscando el tiempo y estado necesarios para abordar semejante asuntillo, nos dejamos caer el otro día por O Castro (Sada). Paseo inexcusable que, a menudo, repetimos encantados. Este es uno de esos sitios Samaín, Samaín, que merece la pena visitar y disfrutar: por Sargadelos, por el Museo de Arte Contemporáneo Carlos Maside y por Ediciós do Castro. Resulta sorprendente que, habiendo proliferado, de manera a veces incomprensible, museos hasta en medio del quinto pino, y estando las paredes de gran parte de ellos vacías de solemnidad, nos podamos encontrar luego, como quien dice, manga por hombro, una colección tan bonita como la del Museo Maside, dejada de la mano del mismísimo. Junto a ello, los propios edificios del complejo, y el laboratorio de formas de Galicia, la editorial, el laboratorio geológico Isidro Parga Pondal, los murales, las cerámica. Una pasada. Siempre que vamos acabamos curioseando en la librería que tienen con casi todo el catálogo de Ediciós do Castro. Encima con precios antediluvianos y portadas de Luis Seoane. De escándalo.

Pues quiso la casualidad que la semana pasada en la sección “ensaio” saltara sobre nosotros un tal Jaime Quintanilla Ulla ¿? y su “El complejo mundo del suicidio” prologado por Domingo García – Sabell como un libro indispensable. Una joya, por su menudencia y detalle y por su proximidad, ya que gran cantidad de los apabullantes datos que contiene se refieren a la costa norte de la provincia de Coruña. Quintanilla da la sensación de ser uno de esos tíos que amaron su profesión (medicina forense) y que debían tener tanto de científicos como de humanistas, cuando no más de esto segundo, cuestión ésta indispensable para llegar a determinados lugares o abordar determinadas asuntos.

Resulta obligado poneros el índice. Serviros vosotros mismos:


Como veis el capítulo segundo de la primera parte se lo dedica a nuestro protagonista: “el veleidoso Eolo”. Pero dejemos estas veleidades suicidas para otro día y volvamos sobre los mantras patrios que tan bellamente se nos muestran expuestos en su vertiente plástica en el museo Carlos Maside: Seoane, Castelao, Maside, Lugrís, Laxeiro, Mallo, cartelismo, As cruces de pedra, etc.…

domingo, 14 de marzo de 2010

"Yo no soy vuestra Superstar" Klaus Kinski, histrión mayor


Desde pequeño he oído a mi madre hablar de una monumental espantada de Klaus Kinski en un teatro. Increíble, según ella. Un equivalente alemán a las salidas de tono de Umbral o Arrabal en diversos programas de televisión. Tanto ella como Mutti, de acuerdo ambas en que su paisano estaba muy mal de la cabeza, sentían una casi inexplicable atracción por él, mitad simpatía, mitad desagrado. Recuerdo ver Fitzcarraldo con mi madre, y recuerdo haber flipado de mala manera, tanto como ella. Esta última, Aguirre y Nosferatu son lo mejor de su alucinante colaboración con Werner Herzog, con quien ya había cruzado y compartido hambres y saludos en una pensión al acabar la 2ºGM.


Que K.K. era un auténtico desgraciado, aparte de estar mal de la chota, me lo contó un día Modesto, tomándonos una café en el SEU. Lo tenía más controlado que yo. Al poco tiempo de aquello se editó su autobiografía en Tusquets: “Yo necesito amor”, que me compré de inmediato. Una portada preciosa y tantas cosas que contaba el amigo Klaus me dejaron perplejo…


Hace poco encontré un precioso pack que trae las cinco pelis que Herzog/Kinski hicieron juntos y el impresionante documental que Werner le dedicó en el año 1999: “Mi enemigo íntimo”, y que es una verdadera maravilla, empezando por el título, siguiendo por el propio documental y acabando por la música de los inefables Popol Vuh. Una pasada. Pero fue sólo empezar y ya quedarme acojonado pues, sin esperar siquiera a títulos, créditos o lo que sea, uno se encuentra con esas bárbaras imágenes de las que mi madre hablaba maravillas. Os aseguro que son dignas de ver: Kinski enfadado al frente del escenario, fuera de sí, diciendo que es Jesús y atacando al populacho… guau. En tutubo ya lo hay en castellano.



Al final, después de ver las idas y venidas que entre ambos artistas se sucedieron a lo largo de años y años, entre ellas varios acontecimientos penalmente tipificables, “Mi enemigo íntimo” acaba con unas preciosas e inesperadas imágenes del histrión mayor jugando con una mariposa que, junto a las ensoñaciones de Popol Vuh, nos muestran la cara más amable de la bestia…

sábado, 13 de marzo de 2010

Vísperas de Castilla - los Panero

No sé si será casualidad o no. Conocida es la Maragatería como sede de alguno de los procesos endogámicos más sobresalientes de todas las tierras al sur de los Pirineos. Varias veces hemos parado en Astorga, paisaje monolítico y adusto, vísperas de Castilla, y, paseando por la capital maragata, uno se fija en los nativos, en alguna posible tara física que delate su fama. Yo nunca vi nada fuera de lo normal… Pero volviendo a las casualidades, resulta que los Panero son maragatos. Padre e hijos. Todos jamaos. ¿Endogamia?

De todos ellos, se podría decir que el más ajeno a la normalidad viene siendo Leopoldo María Panero, aunque estos enajenados resulten tantas veces más cuerdos que nadie. Y aunque la fama le viene, aparte filiaciones, locuras y residencias en manicomios, por su poesía, no menos deslumbrantes resultan sus relatos. Y de los que yo le conozco (sólo algunos) en especial dos: “La visión” y “Allá donde un hombre muere, las águilas se reúnen”

Leyendo el primero de ellos, es imposible no pensar en el Bonaerense Universal y su Aleph. No porque lo imite nuestro Panero, que estaba mucho más cuerdo que eso, sino porque entre el punto/bucle que aparece en los bajos de la Calle Garay y la obsesión que guía al protagonista del relato de Panero “¿se puede construir un microscopio perfecto?” hay un dislocado paralelismo. No tanto en el discurrir de los avatares de dicha obsesión, que terminan con la materialización del anhelado artefacto, como en las inexplicables visiones que la observación con el susodicho microscopio produce.

El segundo relato a quien nos trae de acompañante es al septentrional Snorri Storluson (o Sturluson que escribía Cunqueiro) y sus runas y eddas. Raro, raro el relato, pero igual que el anterior, ciertamente desasosegante, destemplado. Casi como ellos, como los Panero, endogámicos.

Ya puestos, resulta inevitable caer sobre la extraordinaria “El desencanto” de Jaime Chávarri. Película/documental atrayente hasta el esguince, impresionante. Hay gente que deja a uno pegado a la silla y sudado hasta la inanición. Leopoldo María, Juan Luís y Michi Panero, junto a Felicidad Blanc, hijos y mujer del poeta del régimen Leopoldo Panero, tienen unos físicos, unas personalidades, un histrionismo y unas cosas que decir que 97 minutos de peli saben a poco. Memorable.

miércoles, 10 de marzo de 2010

María, no se te entiende nadita

Acordaros de las pinceladas que sobre esa estirpe de escritores ininteligibles os habéis encontrado a lo largo del diarioprueba. Autores de unos confusos ladrillos que, por arte de birlibirloque, se acaban convirtiendo en suaves sorbetes de vainilla.

María Zambrano tiene, por derecho propio, cabida entre semejantes outsiders. Junto a Broch, Beckett, junto a algún buen estornudo Pasoliniano, y junto a otros, escasos, inexplicados elegidos. Salvando las distancias, algo en ella la emparienta con aquellos absolutos genios sin igual: Hölderlin, Trakl y Celan, el gran triunvirato de la abstracción literaria. Palabras mayores, señores. Tenía María voz propia, lírica y poesía para dar y tomar. Intuiciones y ensimismamientos alumbradores donde una mayoría sólo ven nada. Distinta y cadenciosa.

Pero hay un pequeño problema con nuestra María. Cantos simplificadores, exagerados y, según mi modesta opinión, equivocados de raíz, nos la presentan como la gran pensadora española del S. XX (que lo será, no lo sé) y, ojo al comentario, la superadora del inigualable Ortega. Y esto sí que no. Como escritora su valía es incontestable. Pero cuidadito. Es que no se le entiende cuando argumenta, si es que lo hace, que tampoco lo sé. Deslumbra con su prosa poetizante, lírica, onírica y confusa. Pero es que, en cuanto a las ideas, no se le comprende ni la primera. Argumenta de manera barroca, casi soñadora y alucinada, poco seria, aunque, sin duda, atractiva. Pero, por favor, no nos pasemos.

Ponerla a la altura de la claridad y facilidad innatas del fenómeno Gasset, nuestra gran piedra lírica, mojón generacional sin igual, no hace más que decepcionar a quien se abalanza sobre un libro de Zambrano, guiado e ilusionado ante semejante comparación. Si encima el abalanzado no es participe de la afición a leer libros que no se entienden (exactamente lo contrario que los libros de Ortega, rey de la facilidad y diafanidad elevados a su enésima potencia, auténticos antidepresivos literarios), el disgusto será morrocotudo. Me cachis en los critiquillos fashion, qué osadía la suya.

Aquí donde me veis, hace ya algunos años me leí “España: sueño y verdad”. Hace poco, “Los sueños y el Tiempo” y “El hombre y lo divino” Todos excelentes, pero según lo que busque el lector. Los títulos dan buena pista de por dónde van los tiros. Cuidado con ellos, os pueden volar la cabeza o dormiros irremisiblemente…
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