
¿O se desorientan? ¿Confunden el mar con las montañas?... parece una chifladura más el preocuparse por la salud mental de los pingüinos, máxime si hablamos, no de los desquiciados animalillos encerrados en zoológicos del mundo entero, sino de los que viven a cuerpo de rey en la
Antártida, paraíso aún no perdido para ellos.
Independientemente de lo que nos pueda parecer dicha “rareza” en forma de pregunta, cuando el encargado de plantearla es nuestro admirado
WernerH a través de uno de sus documentales, el resultado pasa de ser la chorrada/frivolidad que podría parecer a más de uno, y se convierte en algo mucho más interesante. Ver en la inmensidad antártica, captada con ese sexto sentido de
WHerzog que dota de una indefinible enjundia a tantas de sus imágenes, cómo un individuo/pingüino rompe con el gregarismo e instinto natural de su especie y, en vez de encaminarse al nutritivo océano que tiene a su derecha, se dirige, dando un giro de 180 grados, hacia unas lejanas montañas en las que sin duda morirá de hambre, es cualquier cosa menos una tontería. ¿Se creerá nuestro protagonista un héroe desafiando molinos? ¿Estará llevando a cabo su particular
emboscadura? ¿Habrá pensado: hasta aquí hemos llegado, tras soportar mil iniquidades de sus congéneres? ¿Estará loco de remate?...
Si queréis acompañar al acongojante pingüino, su lacrimal peregrinaje y oír las "rarezas" que se plantean
WernerH y el científico que lo acompaña, saltad al minuto 3:00 del video:
“Doctor Ainley, ¿existe locura entre los pingüinos?...”
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