

Y, no sabemos si influenciados por productos de complejidad psico – argumental de última generación o bestsellers de alcance mundial, el caso es que se llega a una conclusión de lo más mestiza y estrafalaria: la concurrencia de tres tramas, tres intereses, tres conexiones, quién sabe si conniventes y concomitantes todas ellas, en la comisión del magno asesinato.
De pedigrí cinéfilo, nuestros avezados sabuesos no dudaron en llamarlas tan estúpidamente como a continuación os indico:
“The french connection 1971”, “Deutschland in Herbst 1977” y “Orlando 1992”.
Pero las estupideces y gansadas, las licencias, se acaban con estos nombres estampados en sus correspondientes archivos/files. A partir de ahí, el trabajo de documentación fue riguroso e inclemente. No así el análisis de la documentación recopilada, que aporta unas conclusiones inconexas, poco fundamentadas y, más bien, pobres.
Pero empecemos por los datos recopilados…

Metódicos y rigurosos en la recopilación de datos e información, diestros en su archivo y sistematización, los sabuesos organizaron para facilitar su trabajo una jerarquía (vertical) y un tracto (horizontal). Pretendían condensar y enfatizar los hitos y referencias básicas en la evolución y discurrir de la trama. Como hemos indicado, los sabuesos no destacaban en todo. Análisis y síntesis les quedan grandes. Siendo eso así, su jerarquía resulta impresentable. No así su tracto, horizontal, objetivo, basado en el cronómetro secular: Gérard de Nerval, Charles Baudelaire, Villiers de L´Isle –Adam, Stéphane Mallarmé, Isidore Lucien Ducasse, Joris Karl Huysmans, Arthur Rimbaud y Marcel Schwob.

¿Pero qué más da que no fuera suyo el estacazo que desmembró? Suya es gran parte de la culpa. Sin ellos, sus cachorros de las vanguardias no habrían sabido cómo, cuándo y dónde atizar. Ebrios y exaltados, no habrían sido capaces ni siquiera de levantar el machete, asir la pistola o dosificar el Veronal.
Sabemos que no fueron los únicos. Al otro lado de la futura línea Maginot, salvado el Rin, también se cocía algo. A fuego lento, piano piano. Al pilpil, si estuviéramos en el Bidasoa. A diferencia de sus vecinos del oeste, nuestros nuevos protagonistas se las gastaban más épicas que líricas, y más aún metafísicas, más de fondo que formales, más Dolomíticas que Saboyanas. Siendo contemporizadores diremos que daban el doble de miedo, mínimo.

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