
Víctima del fetiche se puede ser más o menos. Lo mismo que de Barral. Hay que ver cómo se las gastaban estos individuos. Sería para celebrar históricos acontecimientos, sería porque estaban generosos o sería por amor a su arte, el caso es que a mediados de los setentas nos vinieron con la Biblioteca Crítica, en plan encuadernación en tela, en plan bonitas guardas, en plan una primera sobrecubierta, absolutamente de traca, del acertadísimo Julio Vivas, en plan una segunda cubierta protectora de plástico, en plan algunas notas preliminares, o cronologías, o índices detalladísimos, en plan qué queréis que os diga. . . En plan estoy enfermo y soy repulsivo. Yo, de aquella, con lo que estaba era con el monopatín Sancheski, de un precioso color naranja. Vaya pasada de artilugio rodante…
Nunca había visto estas espectaculares ediciones y tampoco tenía ni idea de a qué escritores se las habían dedicado… como siempre, información en internet, más bien poca. Luego, hace un par de años, viendo en la tele una entrevista con Miguel Delibes, salía él en un salón contestando unas preguntas al vuelo. Sentadito bien cómodo. Detrás, varias estanterías de libros. Entre ellos, unos tremendos lomazos de esta colección Biblioteca Crítica. Poesías completas de Cernuda y Salinas. Caramba el gachó, en plan avasalle. Me dio envidia. Quien se pica… De ambos dos me gustan cosas.
Relato de la encerrona:
Hasta aquí entiendo que el asunto es repelente, hay que ver el blogero éste, qué coño me importarán a mí estas estupideces. Pues bien, si hasta aquí la cosa te está pareciendo repelente, espérate un momento, meu. Que yo había mirado, luego de la entrevista a Delibes, los precios de estos librajos en internet. Y las ediciones en buen estado, con sus cubiertas y todo… qué escándalo, pero de qué se van estos tíos. Prohibitivas… A esos precios para mí no son, desde luego. Ahora viene la parte más repelente, pedante y odiosa, vete tomar por saco blogero de M. Porque, en internet, voy y me topo con las poesías de Salinas y Cernuda en traum zustand, que viene siendo estado de ensueño en palabrería tedesco-protestante-vanidosa. Y lo tenían en una tiendecita de la ciudad teutona a la que, por cuestiones familiares, nos acercamos siempre que podemos en el verano. Y lo tenían a un precio lo suficientemente bajo como para que quisiera ofenderme, cosa que hice, porque a estos prepotentes nórdicos los sacas de su soporífero Goethe y parece que lo demás no cuenta, y, encima, lo desprecian… Y me dije, espérate, librero teutón, que este verano tenemos previsto pasarnos por allí, y te vas a enterar…
Siguiente paso. Justicia inmaterial: conseguir gastar lo mínimo posible. El precio era insultantemente atractivo. Pero quería sangre, que estaba en un acto de ajusticiamiento histórico. Porque, aunque el librero era un tipo encantador, de verdad os lo digo, representaba en aquel momento a estos sajones prepotentes que no ven más allá de Goethe, menudo coñazo de autor. Y si ven algo más, serían, claro está, Mann, Hesse o Musil. Pero no Bernhard, o Hölderlin, o Heine, o Celan… Pues bien, sabéis que estos nórdicos no saben improvisar. De verdad, tópico infalible. Imposible, para ellos, improvisar, o reaccionar, o amagar, o llevarlo con xeito, o con mano izquierda, cuando se les saca de su cuadrícula. Y su cuadrícula, en caso de ser un encantador vendedor de libros en una civilizadísima ciudad, no contempla el REGATEO. Lo mismo que si le hubiese pedido al Herr un paquete de chicles de uranio. O una barra de pan fresco. Le solté, en un magnífico dialecto galaico/teutónico, una infalible oferta a la baja, una blitzkrieg que ni el mismísimo Guderian con sus Panzer habría igualado. Tras mi ataque relámpago, ratatatatá, viéndose abandonado a su suerte en medio de las Ardenas, Herr quedó inmovilizado, petrificado, estupefacto. Si no fuera un Teutón incapaz de reaccionar, Herr habría sacado la pipa de la paz. Con un antepasado Franchute, supongo que la bandera blanca. Pero Herr era alemán de pura cepa. Como una estatua, lívido. Y yo, desde mi Junkers 87, locuaz a más no poder, porque esto y porque lo otro y demás blablablá... No había con quien hablar, Herr estaba anulado. Lo primero que se le ocurrió, pasado un rato, fue decirme que de acuerdo y darme las gracias amistosamente.Cuando se reúne con sus amigos súper tolerantes, estos le cuentan a Herr sus historias vacacionales con los Quechuas o los Inuits. En plan descubrimiento étnico/primigenio, tópico-típico con tintes condescendientes de turisteo repulsivo con ciertas ínfulas de superioridad, mira para estos incivilizados, qué curiosos los pobres animalitos bípedos. Ay mira! si hablan entre ellos. Herr, al final trocado definitivamente en nórdico prepotente, para satisfacer a sus amigos bodrio turistas y estar a su estúpida altura, les cuenta lo del regateo, rollo para él primario arcaico barbárico. Toda una experiencia etnográfica o antropológica lindante con lo chamánico inverosímil. Localizada en el tiempo a la altura del descubrimiento de la rueda. Sobre la nacionalidad del sujeto: yo, duda entre varias opciones, la mayoría de ellas sociedades tribales, en la actualidad, ya extinguidas.
Volvamos al Sancheski y visitemos recuerdos cuesta abajo... yo salgo en el video. Mirad bien que vosotros también
http://www.youtube.com/watch?v=rQi8wEHMm5Y
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